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Huertas submarinas en el Atlántico

Porto-Muiños es la única empresa española dedicada a recolectar algas para su comercialización

MARIOLA MORENO

Embutido en su traje de neopreno, Antonio Muíños escruta los fondos marinos de Galicia en busca de uno de sus frutos menos conocidos: las algas. Asegura que lo suyo es "una afición" que le permite "disfrutar mucho" de su trabajo pero, además, su hobby le ha proporcionado el reconocimiento de restauradores de renombre.

Los productos de la marca Porto-Muíños la conservera de Cambre (A Coruña) que dirige, junto a su mujer, Rosa Mirás se han hecho un hueco en las cartas de los chefs, nacionales e internacionales, más conocidos y aspiran a que las verduras marinas que comercializan se incorporen a la dieta de las familias españolas. "Hay algas que tienen diez veces más hierro que las lentejas y mucho más calcio que la leche y son completamente asimilables", cuenta entusiasmado. Estos vegetales crecen y viven en un medio salado, como es el mar y se alimentan de todos los nutrientes que hay en suspensión en el agua. "En días de verano, de mucho sol, pueden llegar a crecer hasta 15 centímetros en pocos días; esta es la mejor prueba de que en el mar no sólo se crían peces", explica. La recolección de algas la llevan a cabo "siempre en aguas limpias y con muchos nutrientes". "Las aguas de Galicia presentan unas características ideales en ese sentido, por la temperatura y las corrientes, lo que dan como resultado una flora espectacular y de muy buena calidad", aclara.

La empresa comercializa una veintena de hortalizas marinas

En la década de los noventa, Antonio Muíños se dedicaba a la recogida y comercialización de setas cuando "la competencia desleal" les hizo explorar nuevos mercados. La aventura empezó en 1998. Contactaron con un catedrático de Biología de la Universidade de A Coruña que les puso al día sobre las diferentes especies de algas existentes y que les avisó, no obstante, de que su consumo era impensable. Tozudos como mulas, el matrimonio Muíños-Mirás no desistió y el catedrático, convertido ya en amigo, les ofreció su ayuda. Obtener la autorización de la Xunta que les permitiera el marisqueo de algas fue tarea ardua y tuvieron que optar por solicitar un permiso de recolección. Después de dos años de pruebas, consiguieron producir 100 kilos de wakame (un tipo de alga) y de espagueti de mar. Le siguieron innumerables estudios para verificación de diferentes tipos de algas.

Ahora comercializan más de una veintena de especies de hortalizas marinas (desde algas deshidratadas a preparados para la elaboración de tartas de almendras ecológicas, pasando por erizos de mar e incluso conservas listas para comer), que se pueden encontrar en tiendas gourmets y en algunas grandes superficies.

Aunque, como no hay mejor campaña de marketing que el boca a boca, para divulgar las propiedades de estos productos de la huerta marina gallega, en 2009 la firma Porto-Muíño puso en marcha el proyecto Aula de cocina, destinado a dar a conocer cómo consumir y preparar sus productos. "Es un proyecto destinado a los niños, amas de casa o profesionales. Se trata de enseñar que no todas las algas son iguales ni se pueden cocinar igual". Y concluye Antonio: "Somos muy soñadores y contamos con una libreta llena de sueños. Eso es lo que nos permite sacar adelante nuevos proyectos porque, si nos pusiéramos a hacer números, muchas veces no nos saldrían las cuentas".

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