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"Sin imaginación no se llega a la verdad histórica"

El autor de 'Soldados de Salamina' retrata los entresijos del 23-F en 'Anatomía de un instante'

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Le quita la cafeína a las burbujas porque trabaja a todas horas con ella, y si no la quitara dice que saldría zumbando. El autor de Soldados de Salamina (Tusquets) nos recibe en una de las habitaciones del Hotel Palace con vistas a la historia más canalla de España, para hablar de los entresijos que azotaron el 23 de febrero de 1981 y que ahora reúne en Anatomía de un instante (Mondadori) con la intención de descubrir la piel y el corazón de la ambición política. A Javier Cercas no le ha bastado con la realidad, para llegar más allá del legajo.

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¿Qué le ha sido más difícil: meterse en la historia o en el sentimiento político de las decisiones de aquel día?

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Acudí a mis conocimientos como novelista para desentrañar los resortes que guían a los protagonistas: a Suárez, a Carrillo, a Armada, al rey, etc. Partiendo de la realidad formulo conjeturas, quizá porque sin una dosis de imaginación no llegas a la verdad histórica.

A pesar de los manuales de Historia

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Sí. Es curioso que sobre el 23-F apenas haya bibliografía. ¿Por qué? Porque no hay documentos. Los únicos que entraron fueron los periodistas; los historiadores no lo tocaron, porque sólo tenemos la grabación, que es mi elemento fundamental.

En Youtube el vídeo más largo no pasa de los 45 segundos, pero sí aparece el plano al que se refiere en el libro, cuando un guardia civil golpea mete en cuadro a una periodista.

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Es el mejor plano de la grabación, cinematográficamente es apoteósico. Totalmente confuso: aparecen unas personas, temblando, una identificación de una periodista... La grabación es uno de los grandes documentos de la historia del siglo XX español. Con ella hay algo que cambia. Está a la altura del asesinato de Kennedy o del 11-S. La grabación facilitó esa nebulosa de ficción que alimentó a millones de leyendas. Por eso no quise recurrir a la ficción en este libro, porque ya hay suficientes mentiras sobre el golpe de Estado.

¿Con qué chaqueta se viste en este libro?

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No renuncio a lo que sé, ni renuncio a que soy novelista, ni a que soy filólogo, ni que a mi modo también soy historiador, ni renuncio a usar los instrumentos del periodismo. Uso lo que tengo y con eso construyo una cosa que no sé qué es y que no me importa no saberlo.

Con la figura de Suárez se camufla en palos y aplausos.

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No sale bien ni mal parado. Suárez era el demonio y hoy parece que es San José de Calasanz. Era un hombre con sus virtudes y sus defectos, y los mismos que lo canonizan hoy son quienes le destrozaron entonces. La verdad es compleja, pero mi objetivo era decir la verdad. Suárez hizo algo complicado: pasar de una dictadura a una democracia. Lo hizo muy bien, sin sangre. Después lo hizo muy mal.

¿Cuál es la pregunta del libro?

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La pregunta es qué hay en ese gesto de Suárez. Necesito más de 400 páginas para contarlo y aun así no tiene conclusión.

También, ¿qué es un buen político?

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Desde luego. Esa pregunta es complicada: ¿Es la ética de un político la misma que la de una persona normal? ¿Qué rasgos tiene un político? Es más, probablemente, cada circunstancia histórica requiere un político distinto. Suárez fue un tipo ideal para hacer lo que hizo.

¿Y el presidente de este momento es propicio?

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¡No me saques de 1979! Se ha dicho alguna vez de Zapatero que se parecía en cosas a Suárez y creo que no está mal visto. Zapatero es hábil y tiene instinto asesino, como tenía Suárez. Sin instinto asesino no se puede ser político. Los políticos se manchan las manos.

¿Por qué lo fija todo con gestos?

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Probablemente, como dijo Borges, un momento de la vida de un hombre define a un hombre y esa vida. Siempre he partido de momentos concretos e imágenes, como si esas imágenes estuvieran cebadas de significado. Pero por otro lado, una idea que a mí me interesa mucho del libro es que lo realmente enigmático no es aquello que nadie ve, sino aquello que todos hemos visto y nadie ha reparado en ello.

¿Cuál era el principal problema a solucionar del libro?

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La forma. Es decir, cómo se cuenta esto para un chico de 16 años y lectores extranjeros. Hasta que descubrí que la clave era la grabación y que había cinco momentos en ella para contarlo todo. El mayor desafío es siempre formal. Todo está al servicio de la forma para que resulte apasionante.

¿Alguna conclusión?

No, ninguna. Las conclusiones son los libros. Seguiré intentando estirar mis propios límites. A ver hasta dónde llego, hasta que reviente.

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