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El joven español encarcelado en Turquía dice, al llegar a Barajas, "mi país no me ha fallado"

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El joven español Diego Martínez, encarcelado hace un mes en Turquía por supuesto tráfico de antigüedades, ha llegado esta tarde al aeropuerto de Barajas (Madrid) agradeciendo el apoyo que ha tenido: "Mi país no me ha fallado".

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Diego ha sido recibido por sorpresa a su llegada al aeropuerto por medio centenar de familiares y amigos que se han lanzado emocionados a abrazarle mientras él rompía a llorar.

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El joven, de 27 años, y conductor de ambulancias en Calatayud (Zaragoza), ha permanecido casi un mes en la cárcel después de ser arrestado en el aeropuerto de Antalya con dos piezas de mármol procedentes de un yacimiento romano-helenístico de la zona de Capadocia.

El joven, que ha vuelto acompañado de su hermano Cosme y su cuñada, ha señalado que se sentía "muy contento", y que después de un mes en una cárcel turca, rodeado por "ratas, suciedad y humedad", no tiene intención de volver a viajar fuera de este país; "solo pienso en viajar por España, que es muy bonita y se come muy bien", ha ironizado.

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Ha explicado que se metió en "este lío" tras visitar unas ruinas en Pergo, que realmente no le interesaban mucho, y que fue antes de subir a un autobús cuando vio dos piedras de mármol "muy bonitas" y pensó en llevarlas como "recuerdo del país".

No se imaginaba que al pasar la aduana del aeropuerto turco fuera detenido y llevado a una cárcel donde, según él, apenas tenía relación con los policías, aunque los presos le trataron "muy bien".

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Se ha lamentado de la dificultad para entenderse con la gente porque "no hablan inglés ni francés, solo turco".

"Espero que esto no vuelva a pasarle a nadie", ha subrayado, a la vez que ha recordado que el peor momento vivido fue ayer, porque al salir de la cárcel le trasladaron a una comisaría cuando pretendía volar a España.

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Le comunicaron que tenía que permanecer allí la toda noche, además de pagar un pasaje a un policía para que le acompañara a él y sus dos familiares hasta Estambul, desde donde han volado a Madrid.

Por el contrario, el mejor momento fue cuando pudo hablar con su hermano y le dijo que España entera se había movilizado y le arropaba después de semanas sin saber nada de su familia y sin conocer si "le habían caído diez años, cien, cadena perpetua o le iban a matar con piedras", ha dicho.

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Por su parte, su madre, María Ángeles Mochales, ha confesado que han "luchado con uñas y dientes"; "ha sido angustioso y lamentable, pero ya ha acabado", ha afirmado entre lágrimas.

"Feliz es la palabra que mejor define cómo me siento", ha proseguido la madre, que ha relatado que todo ha sido "como una pesadilla".

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Para todos los que quieren a Diego este ha sido "un mes largo e intenso", y la tensión se ha prolongado hasta ayer mismo porque no sabían si podría regresar hoy o no a España, según sus familiares.

Estos se han trasladado a Madrid desde Calatayud con banderas de su tierra y otras españolas donde se podía leer: "Bienvenido a casa Diego" y "Ser español, un orgullo".

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Diego se encontraba eufórico por su caluroso recibimiento, pero la fiesta no termina en Barajas, ya que en Calatayud le esperan más amigos, familiares y compañeros de trabajo que también le sorprenderán con un recibimiento en una plaza cercana a su domicilio.

En la vista celebrada ayer, el abogado Zeki Durmaz insistió en pedir un nuevo peritaje para evaluar el valor histórico de las piedras, recogidas, según el acusado, en las inmediaciones de las ruinas grecorromanas de Perge en Capadocia, pero fuera del yacimiento señalizado.

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El juez aceptó la petición y encargó un nuevo dictamen, a la vez que accedió a poner en libertad con cargos a Diego mientras continúe el juicio, cuya próxima vista está fijada para el 16 de junio.

Según Durmaz, el joven aragonés no necesitará volver a Turquía en esa fecha, dado que puede ser representado por su abogado.

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