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Kouberskaya "descongela" a Chejov con un liberador "Jardín de los cerezos"

EFE

Anton Chejov se despidió de la vida y de la escena con una las obras maestras del teatro contemporáneo, "El jardín de los cerezos", estrenada por Stanislavski el 17 de enero de 1904, una efemérides que la compañía Tribueñe conmemorará mañana en escena con un enfoque que "descongela" y "libera de pudor" al ruso.

Su directora, la también actriz Irina Kourberskaya (1946, Moscú), tradujo "este reto" en 1986 por encargo del Teatro María Guerrero y 23 años después la representa en el Teatro Tribueñe con el objetivo, según explica a Efe, de "liberar" a Chejov de "costumbrismo, esnobismo y pudor psicológico" y de descubrir al ser humano en toda su dimensión, "desde lo vil hasta lo bello".

Anton Chejov, del que este año se cumple el 150 aniversario de su nacimiento, predijo, 13 años antes de que sucediera, la Revolución Rusa con su historia sobre la terrateniente Ravneskaya y su frívola condición humana, alejada empecinadamente de la realidad para seguir fingiendo que existía el mundo que se desmoronaba a su alrededor.

El autor había confiado de nuevo en Konstantin Stanislavski, el actor, director del Teatro del Arte de Moscú y famoso autor del "método" pedagógico actoral, para montar el texto pero, ya enfermo de la tuberculosis que le mataría en julio y muy desanimado por las críticas que había tenido en otras ocasiones, sólo consintió en asistir al final de la obra, que fue muy aplaudida.

Kourberskaya cree que si bien éste es uno de los textos más enigmáticos de Chejov, el tiempo ha revelado que no sólo escondía su predicción de la Revolución Rusa sino que estaba adelantando hallazgos biológicos del siglo XXI.

"Puede ser que el hombre tenga 100 sentidos y con la muerte sólo desaparecen los 5 que conocemos y los otros 95 se ponen en evidencia" es una de las frases de la obra en la que la directora -que interpreta además el papel de Ravneskaya- ve "la punta de lanza del pensamiento científico sobre el genoma y mucho más".

En cuanto a su profundidad psicológica, sostiene, no hay ni buenos ni malos, no hay mensajes ni lecciones: "en cada escena late la vida como si la estuviéramos observando".

En la docena de montajes de "El jardín de los cerezos" que Kourberskaya ha visto, detalla, siempre se subraya la idea de saber perder con dignidad pero ella ha querido centrarse justo en lo contrario, en lo que los personajes no están dispuestos a perder, es decir, sus sentimientos, necesidad de ser amados y de amar.

La actriz y directora, que reside en España desde 1973, se ha acompañado en este montaje -preestrenado a mediados de diciembre y en cartel hasta el 21 de febrero- de compatriotas como Segey Gritsay en la coreografía y de Nikolay Slavadianik en la escenografía.

"Creo que entregar al público este Chejov vivo es elevar la llama del alma rusa desde el fuego del temperamento español hacia una tragicomedia que en parte cumple el deseo de Chejov", añade Kourberskaya, la última ganadora del premio a la Mejor Dirección del Festival de Palencia.

Concha Barrigós.

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