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"La ley andaluza a mí no me sirve de nada"

VANESSA PI

"La ley andaluza a mí no me sirve de nada", dice. Sabe que la nueva Ley de Muerte Digna no incluye casos como el suyo, pero está tan desesperada que le ha rondado la idea de mudarse a Andalucía. Teresa, madrileña de 86 años, tiene muchísimas ganas de morirse. Cree que ya es hora de abandonar el sillón reclinable donde lleva postrada, día y noche, más de diez años de su vida.

Sufre una artrosis degenerativa que le impide valerse por sí misma ha contratado a una chica que la cuida y le produce unos dolores que aumentan día tras día. Técnicamente puede andar, a pasitos diminutos, con un andador, pero le salen moratones en las axilas de aguantar su peso y no puede soportar el dolor.

Hace un año, Teresa denunció su desesperación a través de Público. Desde entonces, sus temores se han hecho realidad y los dolores que sufre son cada vez más insoportables.

Este miércoles, a primera hora de la tarde, las palabras de Teresa sonaban entrecortadas. "Me acaba de dar un ataque de dolor, tengo un pinzamiento en la espalda", justificaba así la voz ronca, las pausas en sus frases y la dificultad para expresar con claridad sus ideas.

Teresa no quiere esperar a que la enfermedad la enchufe a un tubo para poder decidir el momento de su muerte. Tampoco considera justo tener que depender de fármacos que palían su dolor, pero la "atontan".

Su cuerpo se acartona, pero continúa teniendo las ideas tan claras como cuando, recuerda, se enfrentaba a la dictadura franquista. Hasta ha convencido a sus hijos. "Antes, no querían ni oír hablar de esto. Ahora, cuando les digo que quiero morir, lloran, me pasan la mano por el pelo y me comprenden", explica.

Teme tener que verse en la situación de no poder mover ni un dedo para que alguien se anime a ayudarla y por eso insiste en que sólo desea que un especialista le facilite algún fármaco que la mate de forma efectiva y sin dolor. "Lo de suicidarse es peligroso, porque muchos no mueren en el acto y temo quedarme aún peor", razona. "Puedo hacerme con un fármaco y si yo, por mi cuenta, me lo tomo, no tiene por qué ser delito. Yo no comprometería a nadie, porque nadie sería el ejecutor de mi muerte", dice. Teresa no querría tener que llegar a esa situación.

Asegura que sabe de qué habla, porque fue trabajadora social. "Ayudé a muchos enfermos", recuerda. También sabe que la ayuda que pide es difícil de obtener.

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