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La Ley del Cine divide a la industria

La orden no consigue calmar a los pequeños productores y cineastas a pesar de las últimas modificaciones. Creen que se ampliará la brecha entre las dos velocidades

SARA BRITO

La suerte (o la orden) está echada. Los próximos dos o tres años servirán de mesa de laboratorio para discernir si la orden ministerial que desarrolla la Ley del Cine y que ha sido redactada por el director del ICAA, Ignasi Guardans, sirve para dinamizar o limitar la creación cinematográfica nacional. Por lo pronto, recién firmado el documento -que se publicará en los próximos días en el BOE- la orden ha dividido aún más, si cabe, al mundo del cine. El cisma se intensifica con el nuevo texto.

De hecho, Cineastas contra la Orden, el grupo de oposición al texto que había protestado enérgicamente en los últimos dos meses, no ha quedado satisfecho. La sensación es de disgusto y decepción en las filas de la plataforma disidente (formada por más de 200 cineastas).

Javier Rebollo -ganador de la Concha de Plata a la mejor dirección en el pasado festival de San Sebastián- lo dice tajante: "Me siento defraudado y triste. Esta orden va contra la pluralidad de la Ley".

¿Acaso no escucharon Guardans y la ministra Ángeles González-Sinde las alegaciones que durante los últimos meses se les han remitido desde parte del sector? Para Pedro Pérez, presidente de la Federación de Productores Audiovisuales (Fapae) los del Ministerio sí han hecho los deberes: "Esta orden crea unas reglas de juego para que el mundo de las productoras de cine se vertebre mejor, lo que redundará en beneficio de las películas y de los profesionales", estima. Para el presidente de los productores, el texto no deja de lado a las películas pequeñas, o las que se mueven por el circuito de festivales. "Están atendidas, quien diga que la orden las ignora, simplemente no la ha leído", argumenta.Sin embargo, no son una ni dos, sino muchas las voces de quienes creen que la nueva orden ministerial pondrá las cosas muy difíciles a los creadores que no se rijan por criterios mercantiles.

¿Por qué continúa la pataleta de muchos cineastas? En el fondo, el origen del cisma está en una cuestión de base: la línea que separa a los que piensan que se hacen demasiadas películas en España y que el Ministerio debería regular para corregir esta situación (Fapae e Ignasi Guardans, por ejemplo) y los que estiman que el mercado se autorregula sin necesidad de que el Ministerio de Cultura actúe como si fuera de Industria (Cineastas contra la Orden).

"Este año ha habido muchas menos películas, vamos por unas 70 frente a las 170 del año pasado y esto ha pasado sin que el ICAA imponga nuevas reglas", explica el productor Luis Miñarro.

El productor José Nolla (25 kilates, La ciudad sin límites) estima que ha habido mejoras en la última versión (y definitiva) de la orden ministerial. "Se han resuelto algunos puntos y está por ver si en la práctica va a ser tan catastrófico", asegura.

Sin embargo, el productor cree que lo que subyace es un problema de espíritu: "Se instala en la administracion pública un criterio monetario", asegura Nolla. El meollo de esta afirmación está en que la parte más sustanciosa de las ayudas de amortización complementaria (las que se dan una vez que la película se ha estrenado) es para los filmes de más de dos millones de presupuesto. Es decir, mientras que una obra por encima de los dos millones de euros puede alcanzar hasta 1,2 millones de compensación, una que quede por debajo de esta franja puede obtener, sumando diferentes puntos, un máximo de 390.000 euros.

Eso pasaría sólo si el filme ganara la Palma de Oro en Cannes, fuera un documental de animación en 3D, de carácter infantil, dirigido por una mujer debutante y coproducido por varios países. Es decir, un imposible. Si una película sólo reúne una o dos de estas características se tendrá que conformar con calderilla.

Lo que les queda a estos filmes por debajo de los dos millones de euros es la ayuda de proyecto, que se da a películas a punto de iniciar el rodaje. El problema para los miembros de Cineastas contra la Orden es que estas ayudas se reducen a 20 al año, según la nueva orden. Para Javier Rebollo la consecuencia es un embudo que desembocará en una reducción de la diversidad cultural. "Alguien que tiene dinero y que ha hecho una película segura y comercial no tiene que pasar por tantos filtros", opina indignado.

Hay quien va más allá. Felipe Vega, director y guionista y además representante de Cineastas contra la Orden en las reuniones con Guardans, considera que "el problema es que el Ministerio de Cultura parece que se ve obligado a tener que asumir el aspecto industrial y comercial", a lo que añade: "Creemos que la pinza entre la orden ministerial y la Ley General Audiovisual recién aprobada en Consejo de Ministros deja al cine a merced de las televisiones". "Al reducirse la cantidad de películas que apoyará el Ministerio al año, las televisiones, que son las que tienen el capital, impondrán sus criterios", asume José Nolla.

En efecto, el fantasma de las televisiones (y sus criterios de estética y rentabilidad) asusta a muchos. Más ahora que la Ley General Audiovisual reduce al 3% la inversión obligatoria de las cadenas de televisión en cine, para dar cabida a series y tvmovies. Sin embargo, según reconoció a Público la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, la producción de cine va aumentar con la nueva Ley Audiovisual porque ahora "van a contribuir los prestadores del servicio de comunicación electrónica que emitan cine [Ono o Imagenio, por ejemplo] y TVE, que aumenta la contribución del 5 al 6%".

Así las cosas, la orden que da por cerrada la reforma de la Ley del Cine después de dos años largos y belicosos no deja al sector del cine más unido. Al contrario, profundiza la brecha. Los miembros de Cineastas contra la Orden se reunirán el próximo jueves, aunque poco tienen que hacer ahora que sólo falta el sí de Bruselas.

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