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"Un libro es una criatura casi biológica"

Antonio Tabucchi repasa la función social de la literatura tras su paso por Barcelona, donde estrena una obra de teatro

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En plena resaca de los fastos por los 40 años de Anagrama, su editorial en España, Antonio Tabucchi (Vecchiano, 1943), se recluyó en el Círcol Maldà, en Barcelona, para asistir al estreno de la obra Nocturn, una adaptación teatral de Pep Tosar basada en Requiem y otros textos del autor italiano.

Tabucchi, cuya obra ya ha sido representada por el autor mallorquín, se mostraba ilusionado, confiado y curioso ante una nueva interpretación de libros suyos. 'Me interesan todas las interpretaciones de mi obra', dice. 'Puedes descubrir interpretaciones que no te gusten, pero es el juego literario: una obra es algo abierto, puede entrar quien quiera y, si se comporta de manera que tú no hayas imaginado, no te puedes ofender'.

El autor de Piazza dItalia acepta esas reglas del arte, al considerar que 'la contaminación' de artistas sobre textos de otros artistas 'es inevitable y hasta deseable'. Por eso, Tabucchi ve un libro como un universo en expansión. 'Está repleto de mensajes inconscientes y el escritor no es completamente el director de orquesta, porque un libro es más grande que el escritor. Crece con las lecturas que hacen otros de él: es una criatura casi biológica que planta el autor, pero que crece sola'.

La literatura tiene una función social que, por lo tanto, escapa al escritor. 'Cada momento determina una lectura distinta de una misma obra', expone Tabucchi. Sostiene Pereira salió en 1994 y se convirtió en bandera antiberlusconiana, porque 'en aquel momento la gente sintió la necesidad de ver ese mensaje'.

La moraleja tiene que ser metafórica, no explícita, porque de lo contrario la literatura se convertiría en algo 'didáctico y, lo peor, aburridísimo'. Una obra de arte puede tener una gran fuerza, una fuerza que perdure en el tiempo. 'Para mostrar una realidad concisa del aquí y el ahora hay otros instrumentos: televisión, prensa...'.

'Tabucchi es un dramaturgo oculto', comenta su traductor y estudioso Carlos Gumpert. En efecto, el literato se emociona al hablar de teatro. 'Supera al cine', confiesa. Y lo razona: 'Tiene esa potencia, esa fuerza que dan el cuerpo y la voz que siempre superará a la imagen de la pantalla y al sonido grabado. El ahora es irrepetible y sólo se da sobre un escenario, donde la conjunción de la respiración, la voz y el cuerpo crean una magia irrepetible'.

La base de todo es la ficción. Existe un pacto entre autor y lector que lo deja claro, pero según Tabucchi la vida es una ficción. 'El hecho de ser seres pretendidamente civilizados nos conduce a vivir una representación. Vivimos dentro de un espejo: nos miramos, interpretamos lo que vemos y lo sublimamos. La representación natural sería aburrida, triste, melancólica... suicidante'.