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Llega un título, pero ya piensan en otro

La Copa, que remplaza a los trofeos de la era Rijkaard, aguarda ahora compañía

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Las copas de la Liga y la Liga de Campeones de 2006 han pasado, tres años después, a mejor vida. El Barcelona pudo jubilar ayer los dos últimos trofeos de la era Rijkaard que, a falta de reemplazo, todavía ocupaban un puesto preferente en el museo del club. Desde anoche, ambos galardones duermen en la vitrina de la historia, con las Cinco Copas de Kubala, las Ligas del Dream Team o la orejona de Wembley. En el lugar para el presente, luce ya la Copa del Rey de 2009. Lo hace aún sola, pero en un espacio amplio, por si, en un par de semanas, recibe la compañía de la Copa de Europa que el Barça disputará ante el Manchester United en Roma.

Con una hora de retraso sobre el horario previsto, el trofeo llegó a primera hora de la tarde de ayer a Barcelona, junto a la expedición azulgrana, que protagonizó un vuelo de lo más tranquilo tras una noche de largas celebraciones. A la que los jugadores del Barça hicieron sobre el césped de Mestalla, le siguió otra en el vestuario y, finalmente, la fiesta con familiares y amigos, que algunos disfrutaron en el hotel y los más jóvenes, en los locales de moda de la noche valenciana.

En el festejo sorprendió el desmadre de Keita, Abidal y Touré Yayá, habitualmente comedidos, pero el miércoles pasado especialmente desatados. Pep Guardiola, extenuado, fue el primero en retirarse a su habitación con la fantástica imagen de lo vivido en Mestalla en la retina. 'Lo que pasó hace 25 años fue una excepción', señaló el técnico del Barça en referencia a los incidentes de la final del Bernabéu de 1984. 'Aquí, la gente va al campo con niños y la normalidad de una sociedad tranquila y madura', añadió.

Nada más pisar Barcelona, jugadores, directivos, técnicos y auxiliares posaron para una nueva foto de grupo. La Copa se había visto nada más abrirse la puerta del avión, portada por Guardiola y Puyol. Tras ellos, un Xavi sonriente, un exultante Joan Laporta y Txiki Begiristain, más comedido. El mal tiempo cielo encapotado y llovizna intermitente, impidió que el Barça realizara el trayecto hasta el estadio en un autobús descapotable, como estaba previsto.

Tras la fantástica fiesta vivida en Mestalla y la consecuente euforia desatada en Catalunya la misma noche del miércoles, el cambio de planes hizo que la celebración de ayer se tornara más fría las lunas oscuras del autocar del Barça no ayudaban en nada a la comunión entre equipo y afición, pese a los miles de seguidores que salieron a las calles de Barcelona para ver la comitiva. Todos tendrán que esperar para las celebraciones a la penúltima jornada del campeonato, cuando Osasuna visite el Camp Nou, pues el club, tras consultar con Guardiola y los capitanes, decidió aplazar el gran festejo de los títulos, aunque el Barça se proclame campeón de Liga este mismo fin de semana.

La hinchada azulgrana se despertó ayer con resaca de bourbon añejo, felicidad y un poco dolor de cabeza. 40.000 personas, según la Guardia Urbana, tomaron el centro de Barcelona la noche del miércoles. A última hora, la celebración derivó en violentos enfrentamientos entre un grupo de jóvenes que se resistían a abandonar la Rambla de Canaletes y los cuerpos de seguridad, que exigían su desalojo. La refriega se saldó con 45 personas detenidas por los Mossos dEsquadra -cinco de ellas menores- y cinco, por la Guardia Urbana, por desórdenes públicos, daños y atentado y resistencia a la autoridad.

El alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, defendió ayer la oportunidad de celebrar eventos como las victorias del Barça en la plaza de Catalunya. 'Esta zona permite aislar a esa minoría que comete atentados contra el patrimonio', argumentó el primer edil.

En Girona hubo que lamentar la muerte de un seguidor azulgrana, que se precipitó al río Onyar desde el Pont de Pedra. La barandilla del puente cedió y el aficionado perdió la vida minutos después de ser rescatado.

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