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Lorenzo Quinn cree que "España tiene un problema, que no sabe descubrir talentos"

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El reconocido escultor Lorenzo Quinn ha presentado en Londres su última creación, "Equilibrio", una exposición que refleja la estabilidad personal de un artista que, tras 13 años viviendo en Barcelona, reconoce que el "gran problema" de España en materia artística es que "no sabe descubrir talentos".

A sus 43 años, el hijo del mítico actor Anthony Quinn ha conseguido desprenderse de la etiqueta de "hijo de", se ha metido en el bolsillo a la crítica especializada y expone en las galerías de arte más selectas de los cinco continentes, por lo que no duda al confesar que ahora mismo está "en un momento muy bonito" de su vida que espera "dure mucho tiempo".

Así lo aseguró el escultor en una entrevista concedida a Efe con motivo de la puesta de largo de "Equilibrio", una exhibición que comprende 30 obras con las que Quinn enfatiza "el equilibro necesario que hay que tener en la vida, ya que siempre que se da una fuerza, existe otra en sentido opuesto".

"Estoy en un momento fantástico de mi vida, en el que empiezan a realizarse algunos sueños. Además, tengo un programa de exposiciones muy intenso tanto en galerías como en museos y fundaciones", apunta el artista.

De hecho, Quinn ha adelantado que su obra recalará el próximo año en España, concretamente en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).

"Llevo 13 años en España y es un país con una calidad de vida increíble -asegura el escultor-. Sin embargo, en lo que respecta al arte, a pesar de que tiene una gran riqueza de artistas, no sabe descubrir talentos, sino que los 'roba' cuando están ya consagrados en el extranjero".

Por ello, lamenta profundamente que hoy día su país de adopción sea aún el lugar en el que menos trabaja.

Respecto a "Equilibrio", que se expone hasta el próximo 31 de enero en la céntrica Halcyon Gallery londinense, hay una creación especialmente significativa para el artista, que bajo el título irónico "Hogar dulce hogar" muestra la soledad y la frustración de las mujeres víctimas de la violencia de género.

La obra, expuesta en una habitación totalmente a oscuras en la que sólo se vislumbra la escultura, consiste en una especie de medio huevo gigante rodeado de tiras de alambre en cuyo centro yace una mujer en posición fetal. La sobrecogedora atmósfera queda completada por el incesante sonido de gotas que parecen chocar contra el suelo.

"Es un trabajo muy importante para mí", relata Quinn, que admite que un artista "no puede vivir de espaldas a lo que está pasando en el mundo y hablar sólo de las cosas bonitas que pasan en él".

De hecho, desde hace algo más de tres años, el escultor y su esposa Giovanna colaboran con la fundación catalana Concepció Juvanteny, que ayuda a niños maltratados.

Además, Quinn explica que el desquiciante sonido de las gotas cayendo "representa el incesante goteo de mujeres maltratadas en el mundo".

"Una gota parece que no es nada, se seca enseguida, pero una tras otra crean un lago, y desde el lago se crea un mar. Por eso hay que empezar a actuar", apostilla el artista.

Aparte de esta espectacular puesta en escena, la exposición incluye un particular homenaje a las relaciones sentimentales, a través de las cuatro esculturas que forman la obra "Amor".

En ella, Quinn rescata una de las señas más características de su obra, el uso de las manos como elemento representativo del cuerpo humano, para reflejar la evolución del amor con el paso de los años.

Según el escultor, la elección de las manos como elemento catalizador de la esencia humana le permite crear figuras "sin una raza concreta, con las que todo el mundo puede sentirse identificado".

Asimismo, la escultura "¿Qué fue antes?" centra su atención en una de las dudas existenciales más primitivas del hombre, conocer de dónde viene y saber, con más o menos exactitud, a dónde se dirige.

Junto a estas nuevas creaciones se exponen algunas de las obras maestras del autor como la imponente "Mano de Dios" o la mágica "Fuerza de la naturaleza", que le han valido el reconocimiento a nivel mundial.

En este sentido, Quinn asegura que le encanta que se reconozca su larga trayectoria profesional, pero muestra su oposición a otro tipo de fama más "superficial" como la que proporciona hoy en día la televisión.

Tras dos décadas "manos a la obra", Lorenzo Quinn continúa recordando sus primeros pasos en el mundo de la escultura con cierto amargor: "Ser 'hijo de' se hace muy pesado al principio, porque tienes muchos ojos sobre ti y a la gente le suele gustar leer más una crítica negativa que una positiva".

"Tengas un padre famoso o no, todo el mundo necesita a alguien que lo apoye y crea en él, pero la gente es más propensa a ayudar a alguien que viene de la calle que a alguien procedente de una familia conocida", asevera Quinn.

Por: Ana Victoria de las Heras

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