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Lucía Puenzo no es Quentin Tarantino

La directora ejecuta un 'mix' de géneros en 'El niño pez'.

BEGOÑA DONAT

Nadie dijo que el tránsito a la vida adulta fuera sencillo, pero a las derivas y pulsiones que acompañan esa mudanza, Lucía Puenzo todavía le suma más trabas. Si en su ópera prima, XXY, Gran Premio de la Semana Crítica en Cannes 2007, la escritora y directora argentina exploraba el hermafroditismo en un relato iniciático, en la adaptación al cine de su libro El niño pez conjuga asesinato, incesto, homosexualidad y trata de blancas.

La película, que se estrena este viernes después de haber pasado por la Berlinale, compite además por la Bignaga de Oro del Festival de Málaga.

En un rompecabezas de géneros, que va del melodrama a la road movie con trazas de cine negro, la película relata la historia de amor entre Lala, la hija de un matrimonio porteño adinerado, y la Guayi, su criada paraguaya de 16 años.

"En la novela, la trama está tamizada por la mirada del perro de Lala, que es el narrador. Los géneros se iban hilvanando y el animal imponía el tono. Al restarle protagonismo, temí que la película se viera como una sucesión de rupturas. No soy Tarantino ni Robert Rodríguez. Era muy arriesgado. El gran esfuerzo de la película fue el montaje", concreta Puenzo desde Berlín.

La selección de los actores tampoco fue una decisión exenta de dudas. En el papel protagonista repite la intérprete de XXY, Inés Efrón, que vuelve a verse inmersa en las ambigüedades de la sexualidad. La cantante argentina Emme, famosa por su desnudo integral para Playboy en el país andino, hubo de aprender guaraní fonéticamente para dar credibilidad a Ailín, la Guayi. "No cumplí con el casting que planeé, pero ambas terminaron funcionando en sus roles".

Una estrella de culebrones

Lo que sí logró fue involucrar a la estrella de culebrones Arnaldo Andrés, todo un icono en Argentina, Bolivia y Paraguay. El maduro intérprete ha estado apeado de la televisión durante décadas, pero recientemente ha vuelto a participar en una telenovela de éxito. "Me causaba temor proponerle una parodia de sí mismo, pero me confesó que quería interpretar a un personaje que simbolizara la cara oscura del galán".

Y como trasfondo, una leyenda inventada, inspirada en la prensa amarillista de Paraguay. "Soy fan de los periódicos sensacionalistas. Un día leí una portada sobre un niño con membranas en los dedos. Era una patraña, pero resultaba poderoso. Siempre me ha interesado la construcción de fábulas y de toda Latinoamérica, las más asombrosas proceden de Paraguay. La del niño pez es una ficción plausible. En el lago donde rodamos, Ypacaraí, se cree que hay una persona que habita en el fondo" .

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