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Luis Miguel, el secreto mejor guardado

EFE

El extremo secretismo con el que lleva su vida el cantante mexicano Luis Miguel ha vuelto a ser protagonista esta semana en la que, sin decir nada, el artista habría sido hospitalizado, operado, luego dado por muerto y después de alta.

El interés mediático que despierta esta estrella apodada el "Sol de México" ha sido siempre un campo de cultivo para la "rumorología" y los chismes que acaban por tomar forma de noticia mientras su entorno permanece impasible, lo que ha terminado por convertir a Luis Miguel en un enigma.

Del célebre cantante se han dicho muchas cosas, se le ponen y se le quitan novias sin que trasciendan detalles, pocas confirmadas como Mariah Carey o Aracely Arámbula.

A ciencia cierta, poco se sabe del cantante que él no quiera que se sepa, un auténtico logro en el mundo de las autopistas de la información y en el que hay medios que están dispuestos a pagar muy bien a cualquiera por una exclusiva fiable de algún famoso.

Una situación que terminó derivando esta semana en un rocambolesco relato de los problemas de salud de Luis Miguel, hasta ahora solo presuntos, que han tenido en vilo a la prensa latina, especialmente en EE.UU. y México.

La historia explotó el pasado lunes en el que una presentadora de un canal de televisión hispano aseguró que unas fuentes de confianza le informaron de que el intérprete había sido ingresado en un hospital, sin especificar más datos.

Con las horas ese cotilleo fue engordando y desde diferentes lugares se fueron añadiendo elementos para completar un puzzle sobre lo que le estaría pasando a Luis Miguel.

Primero se situó el centro médico donde estaría ingresado en Los Ángeles, el Cedars-Sinaí, cuyo gabinete de relaciones públicas evitó entrar a valorar los rumores cuando fue preguntado por Efe.

Se contaba que el cantante se estaba sometiendo a una prueba de ADN para descubrir quién es su verdadero padre, aunque esta información no tuvo continuidad.

Luego más testimonios anónimos de personas supuestamente cercanas a Luis Miguel explicaron que el cantante padecía una enfermedad producida por una bacteria en sus pulmones y que los antibióticos que se tomaba le habían producido una reacción gástrica.

Entonces ya se anunció que tenía que pasar por el quirófano, aunque su estado no revestía gravedad. Eso era el miércoles.

Un día después, la trama de chismes tomó otro rumbo y situó a Luis Miguel en cuidados intensivos, muy grave y débil, bajo un régimen limitado de visitas y con su familia angustiada.

Al parecer la bacteria que atacaba su organismo estaba tolerando los fármacos y los doctores no daban con los medicamentos necesarios para salvar su vida.

La misma fuente incorporaba otro aspecto novedoso a la historia al asegurar que las dolencias de artista tenían su origen en una operación de estética que se quiso regalar Luis Miguel para celebrar con algunas arrugas menos su 40 cumpleaños el 19 de abril.

Algo salió mal en la clínica de Beverly Hills y tuvo que ser trasladado al hospital donde se encontraba desde entonces.

Hubo quien enumeró incluso a las personas que habían ido a verle al centro médico de Los Ángeles, interesado por su salud, pero nadie oficialmente abrió la boca, no existen ni siquiera fotografías de amigos o parientes entrando y saliendo del Cedars-Sinaí.

Durante las últimas horas del jueves, en la red social Twitter se propagó la idea de que Luis Miguel habría muerto, lo que produjo cierta confusión ya que la noticia se refería a un deportista y no al interprete.

Para el viernes, nuevos testimonios anónimos anunciaban la salida del cantante del hospital, en silla de ruedas y con visible debilidad, lo que pondría fin a este culebrón de opacidad informativa en el que bien podría no haber pasado nada.

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