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Lula toma las riendas de la crisis hondureña

Brasil asegura que Zelaya regresó "por sus propios medios"

ALEJANDRA GALÁN

Cuando llegó el lunes a la Embajada brasileña en Tegucigalpa, Manuel Zelaya agradeció a Luiz Inácio Lula da Silva el "abrir las puertas para iniciar el diálogo". Lula, que se encontraba en Nueva York en una cena de homenaje, lanzó un mensaje claro: Brasil y EEUU deben "cooperar para garantizar la democracia".

El ministro de Exteriores, Celso Amorim, negó que el retorno de Zelaya estuviera planeado e insistió en que este llegó "por sus propios medios". Según su versión, Lula y Amorim se enteraron de la llegada de Zelaya apenas unas horas antes, mientras volaban camino a Nueva York, y su "interferencia" se limitó a autorizar la entrada al edificio del presidente. Más tarde, Brasil pidió a EEUU y a la Organización de Estados Americanos (OEA) que soliciten al Gobierno de facto de Roberto Michelettigarantías de seguridad para Zelaya y el personal de la Embajada brasileña.

El Itamaraty (el Ministerio de Exteriores brasileño) se felicitó por que el presidente hondureño escogiese la Embajada brasileña y no, por ejemplo, la mexicana. Para Brasil, la elección constituye una "muestra de liderazgo" y refleja su "prestigio internacional". Brasil es el país más equidistante de Washington y Caracas.

Lo cierto es que, desde que Zelaya fue depuesto el 28 de junio, Lula ha sido uno de sus apoyos más sólidos. El 12 de agosto, el mandatario brasileño prometió hablar con Obama para presionar al Gobierno de facto a aceptar su retorno.

El temor es qué sucederá a partir de ahora. Honduras vuelve a ser un polvorín y Brasil está en el medio del huracán. A estas alturas, Lula no puede dejar de implicarse, pero ya le reprochan que se arriesgue a perder la imagen de neutralidad que tan cara le ha resultado conseguir a Brasil. Quienes conocen la diplomacia brasileña recuerdan su tradicional discreción y dudan de que el Itamaraty cambie ahora de estilo. Todo dependerá de la reacción de Washington y la implicación de Obama, pues Brasil insiste en que sólo EEUU puede convencer a Micheletti de aceptar una salida pacífica al conflicto.

De momento, Brasilia ya se ha ganado la aversión de los golpistas. Micheletti exigió a Brasil que entregue a Zelaya de inmediato y declaró que Lula será responsable de cualquier acto de violencia que suceda en el país.

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