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De Mafo a Mfo, una personalidad compleja

Difícil, inteligente y díscolo. El gobernador no suele pasar desapercibido

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Entre los medios de comunicación, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (nacido en Madrid en 1945) suele ser conocido como Mafo, que es el acrónimo de su nombre. Es mucho más corto para titular y, en tiempos, cuando su hermano Francisco vivía, también servía para diferenciar al segundo político de la familia. Pero lo de Mafo a Fernández Ordóñez no le gusta y, para huir del apodo, cuando llegó al Banco de España hizo desaparecer de los documentos oficiales el Ángel de su nombre, de tal manera que ahora figura sólo como Miguel Fernández Ordóñez (o sea, Mfo).

El nuevo acrónimo evidentemente no ha hecho fortuna, pero la anécdota refleja bien la personalidad inconformista del gobernador. Su carácter, que muchos de los que le han tratado profesionalmente califican de difícil, le lleva en muchas ocasiones a disentir de los poderes establecidos. Así ha sido desde que en los años setenta militó en lo que se denominaba Convergencia Socialista de Madrid (que luego se integraría en el PSOE), junto a personalidades históricas de la izquierda como Barrionuevo o Leguina.

Sin embargo, con los años, su sensibilidad progresista se ha ido modelando con ideas de corte liberal, similares a las que en su día defendieron los ministros socialistas de Economía Boyer y Solchaga y cuyo legado reinterpretó a su manera Pedro Solbes.

Su veta ideológica liberal apareció con gran claridad cuando ejerció de presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia, lo que le ocasionó más de un problema con el Gobierno de Felipe González. También se las tuvo tiesas con el Gobierno del PP, con el que convivió como presidente del regulador eléctrico. Fue en aquella época cuando se forjó la etiqueta, que algunos consideran exagerada, de que su personalidad política se define mejor por su oposición a las ideas del Partido Popular que por su sintonía conlas del PSOE.

De trato es complicado. Los que trabajan o han trabajado con él temen sus accesos de soberbia y sus respuestas cortantes. Es también extraordinariamente exigente con sus subordinados, a los que acostumbra a ritmos de trabajo acelerados. Pero al mismo tiempo está considerada una persona con criterio y sentido de la justicia, 'al que se le ve venir', según profesionales familiarizados con su método de trabajo. Además, le gusta discutir sus ideas y suele tratar de convencer a los que no las comparten.

Los que le conocen elogian también su brillantez, su pensamiento incisivo y su capacidad para hacerse con los temas que le competen.

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