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Malmström y Le Pen en Lampedusa

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Xavier Ferrer Gallardo
Investigador Departament de Geografia. Universitat Autònoma de Barcelona

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"Esa imagen de cientos de ataúdes nunca se borrará de mi cabeza. Es algo que uno no puede olvidar." Lo dijo el Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, durante su visita a Lampedusa el pasado 9 de octubre.

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La sacudida emocional provocada por la tragedia —que se ha cobrado ya más de 300 vidas— ha sido más intensa y generalizada de lo habitual. Y es que, con el tiempo, ha pasado a ser habitual que, cuando el número de víctimas no es tan desgarradoramente alto como en esta ocasión, las muertes de inmigrantes en las fronteras de la Unión pasen casi desapercibidas. Algo de eco en la prensa local y mucha rabia y denuncia en blogs y redes sociales. Pero muy poco espacio en los grandes medios. No suele haber, por supuesto, funerales de estado. Durante las dos últimas décadas, muchos inmigrantes ahogados y sin identificar han sido sepultados en los cementerios de Ceuta, Melilla o Tarifa. Y ningún presidente del gobierno se ha arrodillado ante sus féretros.

El mismo día 9, Cecilia Malmström, la Comisaria Europea de Interior, escribía en Twitter: "Una inmensa tristeza frente a 280 ataúdes en Lampedusa. Esto no es digno de Europa". Más tarde, en su blog, Malmström se preguntaba si quizá lo sucedido podría significar un punto de inflexión hacia otro tipo de política migratoria, más enfocada hacia la cooperación y con más caminos abiertos hacia Europa.

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Pero ese mismo día otra noticia invitaba al escepticismo. Mientras Barroso y Malmström visitaban la isla, el semanario francés Le Nouvel Observateur publicaba el resultado de una encuesta realizada al electorado galo. El Frente Nacional, el partido ultraderechista liderado por Marine Le Pen, aparecía como la fuerza más votada en Francia en las próximas elecciones al parlamento europeo —que se celebrarán el próximo 25 de mayo de 2014—.

Si de Le Pen dependiese, la crisis de Lampedusa sin duda constituiría un punto de inflexión en la política migratoria europea. Pero no precisamente en la dirección que apuntaba Malmström en su blog. Marcaría un cambio de rumbo, pero en absoluto hacia la apertura de más vías de entrada legal a la UE.

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¿Se acuerdan de la relampagueante visita de Le Pen a Lampedusa en marzo de 2011? Desde allí, en el zénit de la primavera árabe y de la llegada de tunecinos a la isla, la líder ultraderechista contaba ante las cámaras lo que le había comunicado a un joven somalí acogido en el centro de inmigrantes de la isla.

Le Pen declaró: "Siempre tuve mucha compasión por ellos. Sólo porque yo sea lo bastante valiente para decirlo y tomar una decisión, y no haya otro líder político capaz de hacer lo mismo, no significa que no sienta lástima. De hecho es lo que le dije a un señor de Somalia que se acercó a hablar con nosotros, representando en cierto sentido a todos los inmigrantes ilegales. Le dije: si estuviera escuchando mi corazón claro que le ofrecería mi barco. Pero mi barco es frágil y si le llevo a bordo se hundirá. Y nos hundiremos juntos. Me sorprende que esperen que la Unión Europea haga el esfuerzo de recibir a estos inmigrantes ilegales".

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Las muertes producidas el pasado 3 de octubre en el litoral de Lampedusa no son atribuibles a infortunios de la naturaleza. Están directamente relacionadas con el modelo selectivo de gestión de la movilidad de personas a través de las  fronteras exteriores de la UE. El régimen fronterizo de la Unión Europea tampoco es un accidente natural. La arquitectura jurídica que lo conforma es fruto de decisiones políticas. Lo cierto es que, muy a pesar de lo que muchos querrían, dicha arquitectura se cimienta más en las decisiones tomadas en los parlamentos y cancillerías de los Estados miembros, que en las tomadas en la Comisión y el Europarlamento.

El viaje de la ultraderecha hacía el centro de la vida política de Francia (el tercer país más poblado de la Unión), y su ascenso en tantos otros rincones de Europa, no invita a pensar que la obsesión securitaria en las fronteras vaya a desaparecer de la agenda política europea.

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Pese a la consternación provocada por el último naufragio en Lampedusa, si lo que vaticina la encuesta de Le Nouvel Observateur se confirma, el espaldarazo simbólico a quienes reclaman más blindaje e impermeabilización en las fronteras exteriores de la UE será formidable.

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