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Los mercenarios tuareg, dispuestos a morir por Gadafi

El déspota recluta a nómadas del desierto para luchar contra las fuerzas rebeldes

MAYTE CARRASCO

Son unos 40 tuareg procedentes de Níger. Hacen cola frente a la recepción del Hotel Corinthia de Trípoli, con una bolsa negra de plástico como único equipaje, esperando su turno para coger la llave magnética de la habitación. Su atuendo nómada de origen humilde contrasta con el ostentoso hall del recinto, un hotel de cinco estrellas en el que se hospedan invitados por el régimen y al que han llegado en un autocar. 'Son mercenarios contratados por Muamar Gadafi, guerreros a los que no les tiembla el pulso', asegura un exmiembro de los servicios secretos de un país europeo que les observa.

Resulta curioso cruzarse con estos combatientes por los pasillos, donde pasean descalzos hablando por teléfono con sus familiares, caminando lentamente y subiendo ligeramente las rodillas, como si pisaran arena. 'Estamos dispuestos a morir por Gadafi, daremos nuestra vida por él. Nos ha ayudado mucho, ha estado a nuestro lado cuando le hemos necesitado', asegura Mustafa, uno de ellos. Algunos visten con elegancia el clásico turbante azul que les cubre el rostro, con un chaleco militar por encima en algunos casos. Otros llevan grandes gafas de espejo dentro del edificio, vestidos con vaqueros y camisetas negras.

El dictador respaldó a los nómadas de Níger y Malí en sus rebeliones

'Son muchos los que están entrando por la frontera de Níger. Algunos vienen andando', explica Mustafa, que asegura que aún hay muchos más por llegar, de Níger, Malí y también de otros países africanos. Algunas fuentes calculan que ya son más de 800 los mercenarios que han sido contratados para combatir contra los sublevados del este, determinados a derrocar a Gadafi por las armas. Estarían ganando entre 300 y 1.000 dólares a la semana, según algunas fuentes. Pero, preguntados sobre la cantidad real que perciben, responden con un silencio. Sus sueldos pueden ser mucho más altos. Son jóvenes y delgados, pero expertos combatientes en terrenos y condiciones difíciles.

Los líderes tuareg del norte de Níger y Malí deben mucho al coronel Gadafi, quien suele referirse a ellos como los 'leones y águilas del desierto'. El líder libio negoció a su favor en las revueltas de los años noventa, de modo que la caída del régimen de Trípoli significaría un revés para sus intereses, al ser un pueblo que se considera descuidado y discriminado por sus respectivos gobiernos.

Gadafi ha mediado por ellos, les ha entrenado en el terreno militar, les ha ayudado económicamente e incluso dio refugio y nacionalidad a muchos de los tuareg que huían de la represión en sus países y que se unieron al Ejército libio en una división llamada Marauir, compuesta únicamente por miembros de este pueblo.

Ganan hasta 1.000 dólares a la semana y son alojados en hoteles de lujo

La mayoría de ellos vive en el desierto del Sahel, desprovisto de oportunidades y de futuro para los más jóvenes, con un alto nivel de paro y donde la única salida es el reclutamiento de Al Qaeda en el Magreb Islámico, el narcotráfico o el tráfico de armas, presentes en la zona.

Los secuestros de occidentales, entre ellos españoles, han terminado de hundir el turismo en las regiones malienses de Gao y Tumbuctú, donde este sector suponía el 80% de los ingresos y la única esperanza de una prosperidad que no termina de llegar a una de las regiones más pobres del mundo.

 

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