Público
Público

Messi le saca dos cabezas a Ronaldo

El argentino juega para el equipo y sentencia la final

LADISLAO JAVIER MOÑINO

En la comparación Messi-Cristiano el primero partía con ventaja en su concepción más colectiva del juego. La relación con el gol, inclinaba la balanza para el portugués. También se hablaba del luso como un jugador con más ruido desde su pose virguera y su capacidad para llenar la cámara. El silencio tímido, pero dañino era para Messi. Como en el gol. Apareció por la espalda. Nadie lo esperaba como un nueve de toda la vida para conectar ese cabezazode retrato.

Messi le sacó dos cabezas a Cristiano: la de entender la final como un objetivo grupal y la del cabezazo. Durante una rueda de prensa en Santander le preguntaron a Guardiola si el remate de cabeza era el punto débil de La Pulga: 'Hace una semana le discutisteis el juego aéreo, os aconsejo que no lo pongáis a prueba, algún día meterá un gol de cabeza de los buenos y os hará callar'.

La pelea entre los dos mejores jugadores del mundo se jugó en los términos que favorecían al argentino, aunque Ronaldo alborotó todo lo que pudo. Empezando por el travelling inicial de las cámaras durante el himno de la Liga de Campeones. Todos los rostros denotaban la trascendencia del duelo hasta que el objetivo se paró ante el pijo bronceado de Ronaldo, que sacó la lengua varias veces. Messi se impuso al extremo del United porque jugó pensando el juego y en el equipo. Ronaldo apareció para tratar de ganar el partido él solo. Fuera de la búsqueda de la gloria desde lo individual, no aportó nada al colectivo.

Se excita el portugués cuando se siente observado y el partido comenzó siendo suyo. Arrancó un par de veces tras recibir y girarse. También ejecutó ese ritual que ha inmortalizado en los libres directos: tres pasos hacia atrás, apertura de piernas y zambombazo que le tomó el pulso a Valdés. Otro derechazo lejano y un zurdazo cruzado, tras un control con el pecho, fueron sus últimas acciones reseñables en el primer tiempo. Todas condensadas en los primeros 10 minutos. Justo los que tardó Messi en tocar el balón. El primero limpio fue para descargar una pared con Iniesta y que este iniciara la carrera que generó el primer gol.Messi no fue Messi porque no jugó a esas conducciones culebreando con el balón pegado al pie. Apenas ejecutó tres y se enredó en el bosque de piernas que le plantó Ferguson.

Su renuncia al dribling fue para redescubrir la función de Bakero más refinada. La mayoría de los balones que recibió fueron de espaldas; siempre para descargar el balón para Iniesta o Xavi. Ejerció de satélite a las espalda de Carrick como en el Bernabéu y sus tobillos aguantaron las embestidas de Ferdinand cada vez que quería anticiparse. Su sacrificio fue para empezar a poner la primera piedra y se vio recompensado con la firma de fin de partido. Ronaldo tiró la toalla cuando falló una ocasión ante Valdés y le sacó el codo a Puyol. Lo mismo ya no viste mas de blanco.

 

Más noticias