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Micheletti y Zelaya comienzan a negociar

La OEA preside el diálogo entre ambas partes en Honduras

DANIEL LOZANO

El Diálogo de Guaymuras, el nombre con el que se ha bautizado a esta nueva ronda de conversaciones destinadas a normalizar Honduras, comenzó ayer en Tegucigalpa con la presencia de Juan Pablo de Laiglesia, secretario de Estado español para Iberoamérica. "Aquí estamos", declaró con una sonrisa Laiglesia a la prensa española, despejando las amenazas (no permitir su ingreso al país) que el Gobierno hondureño barajó en los días previos. Los contactos arrancaron plenos de expectación pero esconde escasas expectativas de éxito.

Los debates se abrieron con la posición firme de José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, quien destacó los cinco puntos fundamentales del Acuerdo de San José, es decir, restitución de Zelaya, Gobierno de unidad, garantías de que el presidente derrocado no introduzca cambios constitucionales, amnistía política y la celebración de las elecciones. Pocas horas antes de que las delegaciones se sentaran en la mesa, Zelaya marcó la dirección de sus demandas a través de un comunicado público: "Advertimos que de no restituir al Presidente en su cargo antes del 15 de octubre, automáticamente por falta de validez, credibilidad y confianza de la comunidad nacional e internacional queda sin valor ni efecto el calendario electoral". Zelaya no pudo ser más claro sobre la capacidad de maniobra de su delegación en la mesa de diálogo. Sus rivales consideraron sus palabras como una "medida de presión a los mediadores".

Con ese mandato, y directamente desde la Embajada de Brasil, acudió la delegación zelayista a una cumbre atestada de periodistas. Entre ellos, una de las estrellas del encuentro, Juan Barahona, el más destacado líder de la Resistencia. Con gorra calada, vestido como si fuera a una de las concentraciones diarias de los opositores y con 102 días de protestas marcadas en su rostro, Barahona se presentó junto al jefe de la delegación, el ministro de Gobernación Víctor Meza y de Mayra Mejía,titular de Trabajo en el anterior gabinete.

En el mismo momento en que el equipo de Zelaya consensuaba sus propuestas con su presidente, la Policía cargaba duramente contra los manifestantes concentrados en las cercanías de la sede brasileña.

Abrazos, sonrisas, buen rollo y muchas palabras que realmente ocultaban la sensación de que estamos ante un muro difícilmente infranqueable, como es la reposición de Manuel Zelaya. Los buenos oficios de los diplomáticos se enfrentaban a una de las situaciones más peliagudas de sus carreras. Por ello, Insulza exigió desde el principio "buena voluntad" entre las partes, con un objetivo que muchos parecen olvidar: "Que los hondureños no sigan pagando lasconsecuencias".

El Gobierno golpista de Roberto Micheletti no ha retirado la mordaza impuesta a Radio Globo, la emisora de radio afín a Manuel Zelaya, pese a los dos días transcurridos desde la restitución de las libertades constitucionales. "No podemos volver al aire hasta que la Gaceta de Honduras, el órgano oficial del Gobierno, publique la derogación del decreto. Se trata de una táctica premeditada de los golpistas para impedir nuestro regreso", declaró Alejandro Villatoro, dueño de la emisora, a Público.

La Fiscalía de Derechos Humanos de Honduras también ha exigido a Conatel (ente regulador de telecomunicaciones) la inmediata reapertura de los medios zelayistas, tanto de la radio como del Canal 36 de televisión. A ninguno se les ha restituido el material técnico decomisado por la Policía durante el cierre de los canales.

Villatoro ni se plantea ejercer acciones judiciales contra el Ejecutivo. "¿Para qué? Aquí la ley sólo funciona para los golpistas", aseguró.

Micheletti consiguió lo que buscaba con la declaración del Estado de sitio: callar a la oposición y mitigar su acción callejera. Sin los dos medios en antena logró cercenar el cordón umbilical que unía a los dirigentes de la Resistencia con sus seguidores.