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Miguel Poveda, el 'sin papeles' del flamenco

El cantaor catalán, con nuevo disco, reivindica su mezcla de jondura y heterodoxia

JUAN JOSÉ TÉLLEZ

Nació el mismo año que Carrero Blanco saltó por los aires y él ha sido una bomba de relojería en el ámbito flamenco. Miguel Poveda (Badalona, Barcelona, 1973) ha demostrado que no hacía falta pertenecer al tronco del faraón para convertirse en un peso pesado del jondo. "Quizá tengo menos elementos que nadie para ser cantaor. Ni mis padres ni yo somos andaluces, ni soy gitano, ni he crecido en una familia de artistas de enjundia. Pero tampoco he sido consciente de todo ello hasta que lo han dicho otros. Cuando empecé a cantar, me dijeron: No eres andaluz, no eres gitano, ni tus padres flamencos. Yo carecía, a priori, de unas condiciones que había que tener. Pero yo soy un sin papeles del flamenco: estoy dentro y ya no hay quien me saque".

De vez en cuando, deja el ámbito puramente jondo y coquetea con el jazz, con la música clásica o con la canción de autor, como ocurre con sus interpretaciones de textos de Rafael Alberti o de alguna de la mejor poesía escrita en catalán. "Nunca me he sentido rechazado por ser catalán y por no ser andaluz o gitano. Si me hubiera ocurrido, lo diría y daría nombres", asegura.

Premio Nacional de Música 2007, ahora con el disco Coplas del querer (Universal) rinde homenaje a la copla, a aquella banda sonora sentimental que primó en su infancia, cuando su tío le cantaba a su madre y en la radio todavía mandaban algunos artistas flamencos que congeniaban la tonadilla y el jondo, como La Paquera de Jerez o Manolo Caracol.

En su disco, con impresionantes arreglos jazzísticos de Joan Albert Amargó,s pero también con la guitarra desnuda de Juan Chicuelo "mi escudero, mi cómplice, mi amigo", aparecen rumbas heterodoxas como Seré serenito, que un jovencísimo Camarón de la Isla interpretaba, a todo gas, en una secuencia legendaria de Casa Flora.

Poveda, en su disco y en la gira que ha emprendido escoltado por los mismos músicos del CD, también rinde homenaje a otros intérpretes como Rafael Farina o Isabel Pantoja, de quien recrea unos tangos impresionantes

Por el disco y por su repertorio desfilan Ojos verdes, con requiebros a la Piquer, o La bien pagá, con un guiño exiliado a Miguel de Molina, junto con un homenaje paisano a Carmen Amaya, pero también impresionantes poemas poco conocidos como Un padrenuestro, de Rafael de León, o la canción A ciegas, que interpretó en la película Los abrazos rotos", de Pedro Almodóvar

Poveda no se queda en la copla clásica. También admira las versiones que ha realizado Martirio y es consciente de que Carlos Cano convenció al público español de que no era un género necesariamente de derechas. "La copla es música. La política no debería comerse a la música, que es mucho más auténtica. Cada artista tendrá sus ideales políticos y sólo a veces los reivindica a través de la música. Pero Franco se apropió de la copla", concluye.

 

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