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Mil maneras de huir del socialismo real

Desde la construcción del Muro de Berlí, en 1961, más de 150.000 alemanes del Este se jugaron la vida en el intento de escapar de la RDA y unos 800 murieron

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La noche de su huida lo más importante era desviar la atención de sus suegros, con los que compartían casa en Erfurt. Karl-Heinz Dahms y su mujer Renate ocultaron unos muñecos bajo las sábanas de su cama de matrimonio y de la de su hija pequeña y se fueron a cenar. Habían fingido tener una riña y que necesitaban salir para reconciliarse. Una vez fuera de casa, recogieron la maleta que habían escondido y tomaron el tren a Berlín Este. Era el 15 de julio de 1961.

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Gracias a los contactos que Dahms mantenía con la gente del Ejército con la que hizo el servicio militar, se enteró de que el régimen había decidido construir un muro para cerrar las fronteras de la RDA un mes antes de que empezara a hacerlo. "Llevábamos tiempo planificando la huida, pero alguien de la familia nos delató, y mis suegros nos amenazaron con denunciarnos a la Policía si nos atrevíamos a irnos", cuenta Dahms. "Ellos no eran del régimen, simplemente temían sufrir represalias", explica, aunque también es cierto que uno de sus cuñados trabajaba para la temida Stasi.

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Al llegar a Berlín, pensaban cruzar a la parte occidental por la avenida de Stalin, como se llamaba entonces a Unter den Linden (Bajo los Tilos). "Al llegar a la Puerta de Brandeburgo vimos que había mucho militar y nos desviamos hacia la plaza de Potsdam. Había mucho tráfico, lo cual nos ayudó a pasar inadvertidos con la niña y el equipaje", relata. Aun así, los Dahms necesitaron varios días más hasta que finalmente pudieron tomar el avión que les llevó a Fráncfort. Habían conseguido escapar de la cárcel en que se convirtió su tierra al precio de dividir la familia.

Unos 150.000 alemanes de la RDA arriesgaron su vida para huir por tierra, mar o aire de un país que los oprimía sin escrúpulos "en nombre del pueblo". Unos 40.000 lo lograron, pero 800 murieron en el intento, entre ellos 136 en el Muro de Berlín, que separó la ciudad a partir del 13 de agosto de 1961.

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Muchos intentaron huir a través de Hungría y Yugoslavia. Pero temían el largo viaje. Había que pasar demasiadas fronteras y la incertidumbre sobre el desenlace era total. En principio, los ciudadanos de la RDA podían viajar a otros países del bloque del Este, pero no era tan fácil. Había que pedir permiso. La familia Strelzyk pidió permiso para ir a Yugoslavia en 1974, pero las autoridades jamás respondieron. Por eso, se embarcaron en una aventura que dio la vuelta al mundo en 1979. Junto con una familia amiga, los Wetzel, empezaron a fabricar un globo con sábanas, cortinas y otras piezas en un trabajo clandestino que duró meses.

Un primer intento de escapar volando fracasó, pero volvieron a intentarlo dos semanas después, en una noche en que soplaba un viento favorable. Partieron desde un bosque de pinos de Turingia, situado a unos 12 kilómetros de la frontera con Baviera. El padre, Peter Strelzyk, ha contado que una de las costuras se abrió cuando estaban a 2.500 metros de altura. Tuvieron que aterrizar sin saber a qué parte del telón de acero habían ido a parar. Se escondieron y los dos padres exploraron el terreno. Dieron con dos policías que les confirmaron que estaban en territorio de la RFA.

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El Mar Báltico fue otra de las vías de escape. Unas 5.000 personas intentaron huir del país por vía marítima. Según datos recopilados por la historiadora Christine Vogt-Müller, sólo 913 lo consiguieron. El intento de fuga tuvo un final mortal para 174 personas del total de 4.522 que fueron descubiertas. Algunos cadáveres fueron encontrados por pescadores o en playas de Dinamarca.

El 13 de agosto empezaron las obras para construir el primer muro, todavía de ladrillo.- EFE

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Ingo Bethke protagonizó un caso espectacular de fuga por el río Elba, que pasa por Dresde y desemboca en Hamburgo, en el Oeste. El Elba tiene un ancho de unos 200 metros, y la corriente es peligrosa. El 22 de mayo de 1975, poco antes de medianoche, Bethke salió de la RDA en una colchoneta hinchable.

Algunas historias de huidas son francamente cómicas. El diplomático Rüdiger von Fritsch acaba de publicar un libro en el que cuenta cómo ayudó a huir a dos amigos del Este. Fue en 1974, cuando el canciller Willy Brandt dimitió porque se le había colado un espía oriental en su gabinete. Von Fritsch tenía entonces 20 años, y recibió una carta de un primo suyo pidiéndole ayuda para que dos amigos suyos pudieran escapar.

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Sin contárselo a nadie, se marchó a la RDA para reunirse con los tres, y se les ocurrió una idea bastante peregrina: disfrazarse de hippies y citarse en una playa de Bulgaria para pasar finalmente a Turquía. Así, el diplomático Von Fritsch se convirtió en falsificador de pasaportes. "Cortar el sello fue lo que costó más tiempo y trabajo, y sobre todo la mayor concentración", cuenta. La historia tiene muchas ironías, porque un cuarto de siglo más tarde, el diplomático falsificador es vicepresidente del Servicio Federal de Información (BND), los servicios secretos alemanes.

La historia de los alemanes fugitivos es agridulce, porque al lado de casos con final feliz hay episodios oscuros como el de Catharina Mäge. Nacida en Berlín Este en 1956, no pudo ir a la universidad simplemente porque sus padres eran intelectuales. La construcción del Muro de Berlín separó a su familia. Ella intentó huir, pero la pillaron y pasó un año y ocho meses en la cárcel de mujeres de Hoheneck. Mäge cuenta su caso en Gesicht zur Wand (Cara a la pared), un documental que recoge cinco testimonios de víctimas de la Stasi.

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"La RDA era un régimen asesino y perverso. En la cárcel, el tipo que me interrogaba era un padre de familia que, después de utilizar los métodos más bárbaros, llegaba a su casa y acariciaba a sus niños. Si puede vivir en paz con eso en la conciencia, que lo haga, pero yo no puedo perdonar si él no muestra remordimientos por su actuación", cuenta Mäge.

Los Dahms tuvieron que esperar siete años hasta que les permitieron volver a ver a la familia en Erfurt. En 1968, siete años después de su huida, se vieron con los padres de ella. Fue un encuentro muy emotivo, cuenta Dahms. "Hicisteis bien en iros, me dijo mi suegro".

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