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Montesinos y Fujimori juntos hasta las últimas consecuencias

EFE

Habían transcurrido ocho años desde que Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori no se veían las caras y hoy ocurrió el esperado encuentro, en el que el controvertido ex asesor presidencial cerró filas en torno a su ex jefe con altanería, soberbia y firmeza.

En los días precedentes a la esperada comparecencia de Montesinos en el juicio que se sigue al ex presidente peruano Fujimori por violación de los derechos humanos pocos se atrevían a augurar qué iba a ocurrir hoy.

Una mayoría de analistas había apostado a que el ex asesor de inteligencia y hombre fuerte del régimen fujimorista (1990-2000) se acogería a su derecho al silencio.

Contra todo pronóstico, Montesinos habló y defendió sin tapujos a Fujimori, le lanzó sonrisas, saludos, guiños y miradas profundas, en una sesión marcada por la tensión y la elocuente oratoria del ex asesor, elegantemente vestido con traje oscuro, corbata y pañuelo.

Una sesión en la que Montesinos corrigió al fiscal varias veces y que pudo ser pactada por los abogados de las dos partes: Estela Valdivia, defensora del ex asesor, y César Nakazaki, del ex jefe de Estado.

Letrados, por cierto, sobradamente conocidos en Perú y que han mostrado una lealtad incondicional a sus defendidos desde que ambos fueron detenidos, el primero en 2001 en Venezuela y el segundo en 2005 en Chile.

La relación entre Fujimori y Montesinos, tan estrecha que les ha valido el apodo de "siameses", se remonta a la campaña presidencial de 1990, cuando el primero derrotó en las urnas al laureado escritor y eterno aspirante al Nobel Mario Vargas Llosa.

En aquella campaña, Montesinos, un ex oficial del Ejército que había sido expulsado de las Fuerzas Armadas por falsificar documentos, ayudó a Fujimori a depurar algunos problemas menores con la justicia.

Desde ese momento fueron inseparables y Montesinos se convirtió en el brazo derecho de Fujimori, ya presidente, quien encontró en el ex militar un asesor de inteligencia sin escrúpulos y sobre todo muy leal.

Montesinos, un personaje misterioso que no se dejaba fotografiar cuando ejercía el poder en la sombra, ideó la lucha anti-subversiva que llevó a la derrota de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

Así, llegaron a su fin 20 años de lucha interna en Perú que habían dejado un reguero de casi 70.000 muertos y una nación destrozada desde el punto de vista económico y social.

Las victorias contra la subversión otorgaron una gran popularidad a los "siameses", quienes al tiempo efectuaban manejos corruptos sin parangón y tomaba unas decisiones políticas que les pasarían factura años después.

En aquellos años y con el beneplácito de Fujimori Montesinos creó supuestamente el grupo militar encubierto Colina, que terminó siendo el autor de las más señaladas matanzas del régimen.

La guinda del pastel de la popularidad se colocó en 1997, después de que un comando del MRTA tomara la embajada de Japón y mantuviera secuestradas durante cuatro meses a más de 70 personas, entre ellas ministros, empresarios y diplomáticos.

Fujimori y Montesinos diseñaron, en secreto, un plan de rescate que dio lugar a la liberación de los rehenes, pero también al aniquilamiento de los rebeldes, según se deduce de las investigaciones judiciales y periodísticas.

En ese momento todavía gozaban de la confianza de los peruanos y así continuó siendo hasta el año 2000, cuando Fujimori buscó una segunda reelección y saltó a la luz una trama de corrupción sin precedentes.

Aquel escándalo les separó: Montesinos huyó a Panamá y luego a Venezuela, y Fujimori a Japón.

En el impasse, el ex presidente inició una persecución contra su asesor para dejar entrever que éste era el culpable de todos los males, sin embargo le pagó antes de su huida 15 millones de dólares, a cuenta del Estado, "por los servicios prestados".

No se habían vuelto a encontrar cara a cara hasta hoy y nadie se imaginaba cuál iba a ser la declaración de Montesinos. Sólo lo sabían ellos y sus abogados.

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