Este artículo se publicó hace 17 años.
Por si las moscas
La Policía finlandesa extrajo el ADN de la sangre humana que tenía un mosquito encontrado dentro de un coche robado para encontrar al ladrón

Aseguran que lo último que oye un moribundo antes de causar baja definitiva en este mundo es el zumbido de una mosca. Y no les falta razón. Nada más recibir la visita de la muerte e, incluso, cuando aún agonizan, las personas tienen por costumbre segregar sustancias y gases fruto de la descomposición que son imperceptibles para los humanos en un primer momento, pero que atraen como la miel a numerosos insectos. Por ello, las moscas, que son capaces de oler la muerte fresca a tres kilómetros de distancia, llegan siempre al lugar del crimen antes que la Policía. Es de esta afición necrófila de algunos animalitos de la que se valen los investigadores para poner día y hora a los asesinatos. Lo llaman entomología forense y, según presumen los que se dedican a ello, tiene más de ocho siglos de historia. En concreto, desde que en el siglo XIII un labrador fue degollado con una hoz en China y las autoridades ordenaron a todos los campesinos de la comarca que dejaran sus hoces al sol. Las moscas acudieron en tropel a una de ellas, en la que todavía quedaban rastros de sangre no visibles. El dueño, mosqueado, fue detenido.
La llegada de estos fans de la muerte se produce en un orden tan preciso que no sólo ayuda a estudiar cuándo se produjo el óbito, sino también en qué lugar y en qué condiciones. Son como un reloj que marca las horas gracias al desarrollo de las larvas que los animalitos se encargan de depositar en el cadáver. Luego, unos insectos reemplazan a otros y así durante un largo periodo de visitas que dura meses. Incluso revelan si el muerto ha sido trasladado, ha sido envenenado o, simplemente, estuvo allí pero se lo han llevado. Esto lo sabe muy bien la Policía italiana, que en cierta ocasión acudió a un piso donde, según un chivatazo, debían encontrar a un mafioso asesinado por la competencia. Cuando llegaron, ya no había cadáver y sólo el análisis del ADN de lo que habían digerido unas larvas de mosca que encontraron les confirmó que alguien había matado a alguien, que diría Gila.
La Policía finlandesa extrajo el ADN de la sangre humana que tenía un mosquitoLa sangre de un mosquitoPero no sólo de colonizadores de cadáveres viven los entomólogos forenses. En la lucha contra el narcotráfico, se analizan los insectos que encuentran aprisionados en los paquetes de droga para saber de qué país procede el alijo. En alguna ocasión se han estudiado los mosquitos del limpiaparabrisas de un coche sospechoso para determinar por qué lugares ha circulado. Aunque lo más sorprendente es lo que hizo la Policía finlandesa hace poco: extraer el ADN de la sangre humana que tenía en su organismo el mosquito encontrado dentro de un coche robado para identificar al ladrón. Ni Grissom lo superaría.
Otras veces, los insectos, más que ayudar a la Policía, se encargan de fastidiar al delincuente. Juan Carlos Ramírez Abadía, El Chupeta, un peligroso narcotraficante colombiano que fue detenido hace un año en Brasil, tenía como principal afición amontonar dinero en metálico y esconderlo bajo tierra. Cuando la Policía encontró uno de sus bancos subterráneos, descubrió que parte del millonario botín había sido devorado por los gorgojos. Y ello a pesar de que el narco había guardado el dinero en bolsas de plástico al vacío por si las moscas.
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