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Moscú toma la iniciativa en la batalla energética ante una UE que no puede prescindir del gas ruso

Rusia corta el grifo de gas a Polonia y Bulgaria mientras el bloque comunitario continúa sin encontrar su unidad para decretar el embargo energético.

El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia un discurso en San Petersburgo, Rusia, el 27 de abril de 2022.
El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia un discurso en San Petersburgo, Rusia, el 27 de abril de 2022. Alexei Danichev / REUTERS

La guerra energética entre Bruselas y Moscú se calienta. Rusia toma la delantera y contraataca a las sanciones comunitarias donde más le duele: con el gas. Este mismo miércoles, el gigante Gazprom ha congelado el suministro de gas a Varsovia y Sofía como represalia a su negativa de pagarlo en rublos, como decretó recientemente el presidente ruso Vladimir Putin.

En Bruselas califican esta medida como un "chantaje" que tiene el doble objetivo de dividir a los Estados miembros. Es "injustificable" e "inaceptable", ha respondido Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. El bloque comunitario evaluará el impacto y comenzará a dibujar su reacción en un Consejo extraordinario de los ministros de Energía programado para el próximo lunes.

Gazprom congela el suministro de gas a Varsovia y Sofía por su negativa a pagar en rublos

El principal objetivo de la cita será no dejar a estos dos países solos, especialmente a Bulgaria, que cuenta con una dependencia de casi el 100% del gas ruso y solo tiene unas reservas de un 17%. Mejor panorama se percibe en Polonia, que tendría reservas de en torno al 80%. "Estamos preparados para este escenario [...] Rusia vuelve a demostrar que no es un suministrador fiable", ha asegurado la líder del Berlaymont.

La preocupación es ya que el órdago a estos dos países solo sea el comienzo. Y que en los próximos meses, el corte de suministro se extienda a otros Estados y los más vulnerables vayan como fichas de dominó. Entretanto, de fondo colean las acciones de algunos países, más dependientes de la energía rusa, para salvar sus economías.

El otro temor es que se inicie una especie de ‘sálvese quien pueda’ en el que algunos acepten efectuar los pagos energéticos en la moneda nacional rusa. Von der Leyen ha advertido de que este movimiento supondría una violación de las sanciones vigentes y, en consecuencia, habría consecuencias legales para aquellas empresas tentadas. En una declaración institucional, la alemana ha recordado que el 97% de los contratos actuales estipulan que los pagos deben hacerse en euros o dólares.

La energía se ha convertido en el gran centro neurálgico del choque entre Bruselas y Moscú

Sin embargo, el portal Bloomberg ha avanzado en exclusiva, citando a fuentes de Gazprom, que cuatro compradores europeos han efectuado ya los pagos en rublos y que otros diez han abierto cuentas especiales en el banco que canaliza estas transferencias, Gazprombank, con el mismo fin. Según el decreto firmado por Putin, las empresas europeas deben depositar sus euros en sus cuentas de Gazprombank y esta entidad las convertiría en rublos, haciendo el pago efectivo. La información recoge también que la compañía descarta nuevos cortes en las dos próximas semanas.

El sexto paquete de sanciones, bajo presión

La energía se ha convertido en el gran centro neurálgico del choque entre Bruselas y Moscú en el marco de la guerra en Ucrania. El bloque comunitario no puede prescindir del gas ruso y el Kremlin no puede dejar de recaudar los miles de millones de euros que inyecta por este recurso.

Además, la radiografía energética en suelo comunitario es visiblemente dispar. Mientras más de 14 países europeos dependen en un 50% del gas ruso; en otros como España o Irlanda la cifra es meramente simbólica. En Berlín, una de las capitales que más pisa el freno de mano en el embargo total de la UE hacia los hidrocarburos rusos, un corte repentino del gas ruso podría hundirlo en recesión. Una de las lecciones que deja la invasión rusa dentro de la capital comunitaria es su poca o nula visión estratégica que ha acabado con una de las reglas imperantes de la economía: la diversificación.

Una de las lecciones que deja la invasión rusa es la poca o nula visión estratégica de Bruselas

Ahora, la UE se mueve con urgencia y agitación por todos los mercados del mundo para buscar alternativas de suministro. Josep Borrell asegura que está todo el día "buscando gas" en otros mercados. Pero es un proceso que llevará tiempo, dinero y que puede concluir con acuerdos con regímenes de dudosa calidad democrática y de respeto de los derechos humanos.

Por lo pronto, Polonia y los tres países bálticos están construyendo sus propias terminales de gas licuado, procedente en su mayoría de Catar, Noruega y Estados Unidos. Y otros como Italia han virado hacia Argelia con el mismo fin. En su conjunto, la UE ha sellado un acuerdo con el gigante norteamericano para comprarle 50.000 metros cúbicos de gas licuado para 2030.

Pero en el corto plazo, el debate que centra buena parte de la atención europea es el sexto paquete de sanciones. Es el que más tiempo lleva en el horno. Y el más complejo de los que ha impuesto Bruselas durante estos dos meses de guerra. La UE abrió en su anterior batería punitiva la puerta a las sanciones energéticas decretando el boicot al carbón ruso a partir de febrero. El próximo paquete está llamado a sancionar las importaciones de petróleo, aunque para ello debería vencer las resistencias de Alemania, Austria y Hungría. "He escuchado que Hungría, Austria y Alemania están preparados para pagar el gas ruso en rublos. ¿Siguen en la Eurozona o en la Rublozona?", ha criticado Donald Tusk, anterior presidente del Consejo Europeo.

La presión para el embargo energético total aumenta dentro y fuera del seno europeo

Entretanto la presión para el embargo energético total aumenta dentro y fuera del seno europeo. Desde el 24 de febrero, inicio de la guerra, los europeos han pagado a Rusia por sus hidrocarburos más de 30.000 millones de euros.

El jefe de la diplomacia europea reconocía hace unos días en una entrevista con el rotativo germano Die Welt que no había unanimidad para ello y no aventuraba una decisión al respecto antes de la cumbre europea que los Veintisiete celebran el 30 y 31 de mayo. Con todo, en Bruselas no lo esconden. Y así lo admitía esta semana el propio Paolo Gentiloni, comisario de Economía: "Europa no podrá terminar con su dependencia de la energía rusa hasta 2027".

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