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Mourinho acaba con el maleficio

El luso le da al Madrid el título que no ganaba desde 1993

LADISLAO JAVIER MOÑINO

Ya está. Objetivo cumplido. Mourinho le ha dado un título al Madrid. Y se lo ha ganado al Barça. Ha matado dos pájaros de un tiro en un partido que culminaba una trayectoria impecable en la cometición conquistada. Ha engordado las vitrinas del club y lo ha hecho ante el rival que durante las últimas temporadas obstaculizaba el regreso del Madrid a la senda de los títulos. También lo ha logrado en la competición que el Madrid llevaba 18 años sin conquistar. En eso ha llenado el ego de futbolistas como Casillas, que lo echaba de menos en su currí-culum, tanto, que en la pretemporada señaló en rojo el título copero. Raúl se fue del Madrid sin poder lograrlo. Incluso ha emocionado al propio presidente, que horas antes de la final expresó: "Sólo me falta la Copa".

Si antes de la final su popularidad entre sus futbolistas y el madridismo estaba por las nubes, ahora ya es un intocable. Un tótem. El faro de un club que, según él, estaba necesitado de una estructura que rompiera con su viejo y anquilosado aire ministerial. A ojos de la hinchada y de sus jugadores, Mourinho es el técnico redentor que ha reventado la hegemonía que más escocía: la del Barça y su estilo tocado.

Con la Copa bajo el brazo, Mou y el equipo llegan a la eliminatoria de la Liga de Campeones, también frente a los azulgrana, sin tanta responsabilidad. Y reforzados anímicamente. Ahora, el grupo siente de verdad que puede ganar al Barça. Lo ha comprobado en el campo. Sus jugadores necesitaban esta victoria para creer de manera ciega en todo lo que hacían. Ahora ya saben que hay un camino para la victoria. Un triunfo como el de ayer lo necesitan todos los equipos en fase de construcción
para cuando aparezcan las dudas. Y estas hubieran aparecido con otra derrota ante un rival que les espera en la semifinal de la Liga de Campeones y al que no habían superado en las últimas seis confrontaciones. Las innovaciones tácticas que ha diseñado para este triunfo han convertido a Mourinho en un dogmático: les ha entregado un título como prueba de su metodología.

La única manera posible que tenía Mourinho de justificar el deterioro de la imagen que le ha proporcionado al club con sus funciones escénico-mediáticas era con un título. Lo ha hecho. A su manera. En eso no hay duda alguna. Ha utilizado las mismas estrategias que en el Oporto, en el Chelsea y en el Inter. El objetivo de tanto ruido, de tantos lloros y de tantas quejas aparentemente paranoicas responde a su necesidad de instaurar en el vestuario un estado de excepción y arraigo familiar. De crear un clan cerrado y hermético hasta el punto de que la contaminación exterior es un concepto que manejan sus futbolistas frente a las posibles influencias mediáticas.

Primero les hizo entender a sus jugadores que, sin él, no serían lo mismo. "No sé si algunos han mejorado conmigo, lo que si sé es que son distintos a cómo eran antes". De esto, Marcelo y Benzema son los máximos exponentes. La frase en la previa de la final fue también muy significativa en este sentido: "Antes, este equipo estaba acostumbrado a defender con seis y atacar con cuatro. Ahora defienden los once".

Después de conquistarlo y engatusarlo emocionalmente, le hizo ver al grupo que ambos se necesitaban para vencer la larga lista de enemigos que se ha inventado. "Del vestuario hacia afuera estamos solos, no nos protege ni el club", les ha arengado en más de una ocasión a sus futbolistas. Todo con un único objetivo: la victoria colectiva, pero el cómo lo ha elegido él, y es innegociable. Como ya sabe Di Stéfano.

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