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Los muertos de nadie

El viaje final al Atlántico de los inmigrantes sin nombre

SUSANA HIDALGO

En el cementerio de Santa Lastenia, en Tenerife, nadie sabe el número exacto de inmigrantes sin identificar que hay enterrados y que se dejaron la vida al intentar cruzar el Atlántico en frágiles cayucos. Están colocados en el Patio 4, en las filas de arriba, son nichos tapados con un corcho blanco y sin ningún tipo de identificación. Algunos ya amarillean. Una L marca los que aún están libres. Sus familiares seguramente ni saben que han muerto y piensan que han logrado abrirse camino en Europa.

"Habrá enterrados de 14 a 16 inmigrantes, pero no hay un listado, tendría que contarlos uno a uno en el ordenador... y, buf", informa un trabajador de la oficina del cementerio. Los enterradores, al comentarles estos datos, tuercen el gesto y suben los muertos sin nombre a "más de 20 o incluso 30". Tampoco se pueden contar: también hay algunos nichos blancos, "muy pocos" según los empleados, que pertenecen a muertos canarios que han sido trasladados al cementerio con un genérico "beneficiencia". En este cementerio con vistas al océano hay sitio reservado para "200 o 300 cadáveres más", según Sebastián Cuba, uno de los enterradores.

El último entierro de un subsahariano sin nombre tuvo lugar el viernes pasado: un inmigrante sin identificar que llegó grave a tierra y que falleció el pasado 15 de octubre en el hospital tinerfeño de Nuestra Señora de La Candelaria. El ritual se repite: corcho, masilla blanca y ni rastro de flores. La tumba comparte espacio con las sepulturas de los ingleses y alemanes, estos sí con nombres y apellidos, que un día decidieron quedarse a vivir en Tenerife.

Descenso y aumento

Durante 2007, 39 inmigrantes murieron en las costas canarias en su travesía hacia una vida mejor, un 70% más que en 2006, cuando perecieron 23, según datos de la Delegación del Gobierno de las islas. Un aumento que contrasta con el importante descenso que ha habido en la llegada de inmigrantes en cayuco, que respecto a 2006 ha bajado en Canarias en un 60%. Hace dos semanas llegaron otros tres muertos al puerto tinerfeño de Los Cristianos. El aumento no tiene una explicación clara, según fuentes de la Delegación del Gobierno: "Puede ser por el estado del mar, porque llegan en peores condiciones...". Muy pocos son reclamados por sus familiares.

Estos son los datos oficiales. Fuentes de la Guardia Civil señalan que los muertos reales del año pasado ascienden a unos 700 y las ONGs aseguran que entre 3.000 y 5.000 personas han perdido la vida al intentar cruzar el Atlántico en cayuco. Es probable que si algún inmigrante muere durante el trayecto el resto de los que están en la barcaza terminen arrojándole al mar.

En mar, en tierra

Cuando los inmigrantes llegan muertos dentro del cayuco es la Guardia Civil la que se encarga del caso: toma las huellas a los cadáveres y les hace fotografías. Si el inmigrante llega grave a las costas canarias y fallece después en tierra el asunto queda en manos de la Policía Nacional. En ambos casos el procedimiento es siempre el mismo. El cuerpo es trasladado al Instituto Anatómico Forense y el expediente pasa a la autoridad judicial, que es la que determina en cada caso el tiempo que los cuerpos permanecen en el Anatómico antes de ser enterrados, casi siempre superior a los 45 días. Ahora, en el Anatómico tinerfeño hay seis cadáveres de inmigrantes (los tres que fallecieron hace quince días y otros tres de finales del año pasado) que están sin identificar.

A veces las autoridades españolas intentan localizar a las familias de los inmigrantes muertos. "Preguntamos a los que han venido con ellos en el cayuco, por si les conocen. Pero por desgracia, pocas veces da resultado", señalan desde Delegación del Gobierno. Además, las autoridades y el Instituto de Medicina Legal de Las Palmas de Gran Canaria conservan muestras de su ADN para que puedan ser identificados si algún día son reclamados por sus allegados. "En 2006 llegaron a Canarias más de 31.500 inmigrantes. Con todos los que vienen es imposible que desde aquí avisemos a las familias", aseguran en Delegación del Gobierno. A veces hay suerte y son las autoridades de Senegal, Gambia o Ghana las que se ponen en contacto con Canarias y, si conservan las huellas del fallecido, la repatriación es posible.

El viaje es tan duro y las posibilidades de terminarlo tan poco seguras que, una vez con el pie en tierra, las caras de los inmigrantes reflejan una mezcla de tremendo sufrimiento y, a la vez, de alivio. El domingo pasado, un inmigrante lloraba desconsolado al lado de un compañero después de haber conseguido poner pie en el puerto tinerfeño de Los Cristianos.

El drama se repitió ayer, esta vez en Andalucía. Un total de 111 inmigrantes, de origen subsahariano y magrebí, arribaron en cayuco a las costas andaluzas. Dos de ellos, muertos.

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