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Muñiz frente a su espina

El técnico del Málaga salió mal del Rácing

ANTONIO RENGEL

En el lluvioso invierno a orillas del Cantábrico, sus hijas Erika y Aitana le preguntaban una y otra vez cuando llegaría la Semana Santa. Y Juan Ramón Muñiz les tenía que contar casi a diario que sí, que había mar, pero que ya no estaban en Málaga, que en las calles de Santander no habría esa bulla que habían conocido cuando daban sus primeros pasos en las noches mágicas malagueñas. Y contentaba a sus hijas diciéndoles: "Cuando seamos mayores viviremos en Málaga". Porque Muñiz sabía que retornarían. Por eso se había comprado un apartamento durante su etapa de segundo con Juande.

A Muñiz y el Málaga les unieron lazos especiales desde que llegó en 2006. Quizás porque ya conocía el terreno o porque fue su primera aparición en los escenarios del fútbol como primer tenor, sin el maestro Juande al frente de la orquesta. Por eso ha dicho que no es especial enfrentarse al Racing cuando hace sólo unos meses le dirigía, que lo especial es entrenar al Málaga. Por eso y porque alguna espinita le queda clavada después de no haber podido triunfar por completo en Santander.

Allí no hubo química con la afición. Venían de un año de ensueño con Marcelino (clasificó al equipo para la UEFA) y no entendían cómo esa plantilla pululaba de mitad de la tabla hacia abajo. Muñiz sufrió los dardos de la grada, que se dirigieron hacia él y no hacia los que lanzaron mensajes distintos: de puertas para afuera, otra vez UEFA; hacia adentro, permanencia. Y, claro, la relación quebró. Aún así, se saldó de la mejor manera posible: rescisión, 200.000 euros a toca teja y aquí paz y después gloria. El dinero le sirvió a Muñiz para compensar la rebaja de la ficha que conllevaba volver al Málaga.

El técnico se siente querido en el Málaga, donde fue segundo de Juande Ramos 

Hoy, de golpe, el Racing otra vez en su camino. A las primeras de cambio, por los caprichos del fútbol, sin que hayan caído más de dos hojas del calendario. No esperen fotos de abrazos entre el presidente Pernía y Muñiz. La educación de ambos no da para tanto. Como mucho, para no evitarse. "Le daré la mano si le veo", ha dicho el asturiano, que aguantó con estoicismo hasta que pudo coger el petate y marcharse de Santander por donde había venido, sin hacer ruido y evitando espectáculos mediáticos. Atrás dejó una duodécima posición en la Liga y un debate enorme sobre si la plantilla daba para más.

Su retorno a Málaga ha estado marcado por el reencuentro con las amistades, desde el presidente hasta el último de los empleados, pasando por los jugadores. Cuando se desvinculó del Racing, Muñiz recibió en su móvil un mensaje de Baha que le decía: "Bienvenido, míster". En La Rosaleda empieza a sembrar otra vez la semilla del éxito, o a recoger algunas que sembró y ahora florecen. Ha fichado bien y barato, se ha sentido querido por el público y le ha dicho a sus hijas que se preparen para volver a la bulla en marzo.

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