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My bloody Valentine: El origen del FIB o cómo se viaja a los sueños polares

EFE

El Festival Internacional de Benicàssim jamás habría existido sin My bloody Valentine, el grupo que esta noche, casi 20 años después, ha debutado en él para reivindicar su papel en la música de los 90, en el origen del fenómeno "indie", en la distorsión de las guitarras y en el ruido atmosférico y onírico de los viajes sonoros.

Sin la banda liderada por Kevin Shields, el actual y mediático FIB Heineken, Los Planetas y tanto satélite que gira en torno al panorama llamado "alternativo" simplemente no serían más que una anécdota en el desarrollo de la industria musical y discográfica.

El grupo que en 1991 grabó el "Loveless" con el que arruinaron al sello Creation al producir uno de los álbumes más complejos de la historia del rock, comparable con hitos como el "Pet sounds" de los Beach Boys, ha tenido ahora, reunida para una gira mundial, una audiencia en el FIB no excesivamente masiva, por aquello de ser una "banda de culto" frente a otros platos más actuales o solamente porque era la hora de cenar.

My bloody Valentine han regalado 70 de los minutos más intensos de la historia del FIB, sobre todo los diez últimos con la recreación infernal de "Realise", "mascletá" rockera y paroxismo apocalíptico de un sonido que ya es inmortal.

Han recuperado algunas de sus obras maestras, como "Only shallow", "When you sleep", "Come in alone", "I only said", "Slow" o "Soon".

Media docena de cortes del "Loveless", tres del "Isn't anything" y cuatro de sus otros EP han conformado un concierto basado en las guitarras al cien por cien, donde las voces de Kevin Shields y Bilinda Butcher apenas se han escuchado por el muro de sonido impuesto por la apología de la distorsión y las melodías repetitivas e hipnóticas de uno de los grupos que más han influido en el "noise pop" de los 90 y el movimiento alternativo de los últimos 20 años.

Las proyecciones que les han acompañado argumentaban a la perfección esta gran responsabilidad: Los viajes que han marcado el pop independiente nacional de la pasada década, de Family y sus periplos polares a Los Planetas y sus rutas hacia la experimentación tóxico-musical se basan, de una u otra forma, en la escasa pero fructífera trayectoria de My bloody Valentine.

El FIB ha cumplido así una de sus deudas de sangre, como hizo en 2006 y rematará esta edición con Morrissey, responsable de los seminales The Smiths y que tanto ha influido en el devenir del pop-rock sentimental de finales del siglo XX y comienzos del XXI.

Por su parte, Babyshambles han querido justificar su paso de una simple carpa en 2007 a todo un Escenario Verde actual con un recital impecable, donde el mejor Pete Doherty ha dado muestras de recuperación física y musical con un corto pero intenso y efectivo recital donde han cabido temas de sus dos discos -especialmente de "Down in Albion"- y hasta de su etapa previa en The Libertines.

El broche final, ese "Fuck forever" coreado masivamente por un público entregado donde el inglés era el idioma oficial, ha sido su despedida gloriosa ante un festival en el que juega como en casa.

Asimismo, esta jornada a la que aún le queda la fiesta de Mika ha dejado otros grandes momentos: del bello intimismo acústico de South San Gabriel -con escasa respuesta de público- al desenfreno hedonista de La Casa Azul y Róisín Murphy, que han convertido sus respectivos escenarios en sendas pistas de baile.

La segunda, ex líder de Moloko, ha regalado el concierto que Kylie Minogue nunca dará en el FIB, especialmente con los temas de su último disco, "Overpowered", que ha defendido con un constante cambio de vestuario y una puesta en escena propia de la diva del techno-pop en que se ha convertido desde aquel "Sing it back".

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