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Nacer Khemir muestra en "Bab'aziz. El sabio sufí" el lado amable del Islam

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El director tunecino Nacer Khemir estrena este viernes en España el filme "Bab'aziz. El sabio sufí", una metáfora visual con la que pretende mostrar "la parte más abierta, tolerante y femenina del Islam", en un tiempo en el que "solo se muestra en los medios el lado más fundamentalista" de su religión.

Khemir (1948), muy dado a las alegorías tanto en su obra cinematográfica como en su conversación cotidiana, ha explicado en una entrevista con Efe su intención última con este filme: "ayudar a levantarse y limpiar, con mi propia camisa, la cara manchada de mi padre, el Islam, que ha tropezado y se ha caído en un charco de barro mientras paseaba a mi lado".

"Una sexta parte de la población mundial practica el Islam y, en el peor de los casos, entre ellos hay unos 100.000 integristas, pero ellos acaparan todos los medios de comunicación", ha explicado sobre el conflicto Oriente-Occidente el también escultor y poeta.

Como muchos otros intelectuales árabes educados en Francia, Khemir hace gala de una dualidad amor-odio con respecto a su híbrida identidad cultural, que ya mostró en anteriores filmes como "The lost necklace of the Dove" (1991), Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno, y en "Los balizadores del desierto" (1984), Gran Premio del Festival de los Tres Continentes.

En esta ocasión, ha creado junto al guionista Tonino Guerra (quien ha colaborado en las tres últimas películas de Andrei Tarkovski) un poema fílmico marcado por el viaje de una niña y su abuelo, un viejo sufí, que atraviesan juntos el desierto para llegar a un lugar mágico y desconocido, en el que se reúnen cada 30 años los derviches del mundo.

"Mi desierto no es el que se visita. Es un elemento que está presente en todas mis películas y representa el sentimiento de lo absoluto frente a lo divino", ha explicado Khemir, quien eligió para las localizaciones los desiertos de Irán y Túnez y la antigua ciudad de Bam, destruida por un terremoto pocos meses después de filmar en sus calles.

"Rodamos en el desierto en pleno agosto, así que nos levantábamos a las 4 de la mañana y filmábamos hasta las 9, porque luego la luz y el calor eran demasiado intensos", ha afirmado el autor, aunque no fueron sólo esos los inconvenientes del proceso.

Según comentó, todo el personal debía mirar en sus zapatos cada mañana para evitar la mortal picadura de los escorpiones y un caballo incluso llegó a morir por ello, además de que algunas secuencias del filme fueron grabadas cerca de la frontera afgana con Irán cuando EE.UU procedía a los bombardeos, así que "entre el turbante y el material, podíamos haber sido confundidos con talibanes".