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"Que nadie me dé lecciones sobre Internet"

Director del ICAA. A punto de cumplir dos meses en su cargo, acaba de presentar la industria el proyecto de la orden ministerial que desarrolla la Ley del Cine

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Dijo que lo tendría listo en diez días, y finalmente en sólo siete entregó a los sectores de la industria el borrador de la orden ministerial de la Ley del Cine. Ignasi Guardans (Barcelona, 1964) es puntual, perfeccionista, atento al detalle hasta el punto de controlar el lugar exacto donde quiere hacer la entrevista, para que salga en las fotos un póster de Viridiana y no una estantería cuyo desorden no le hace ninguna gracia. Este es el hombre que, desde hace dos meses, lleva el mando de una dirección general que ha vivido años convulsos. Y no parece que le tiemble el pulso.

Cuando llegó a su nuevo cargo de director del ICAA y a este despacho, ¿qué se encontró encima de la mesa y qué debajo de la alfombra?

Permíteme que matice la terminología, porque no concibo esto como un cargo sino como un trabajo. Hay gente que cree que asumir una responsabilidad significa tener prebendas. Esto es un trabajo de gestión de dinero público para impulsar un sector cultural que crea puestos de trabajo, que tiene impacto en la economía y en la imagen exterior de nuestro país. Ahora, los problemas que tiene el cine español están ahí y los problemas del ICAA, que los tiene, también. Pero no hay nada que pueda imputar a mi antecesor. Todo estaba encima de la alfombra y a buena luz.

Pero sí tenía la patata caliente de una Ley del Cine pendiente de desarrollar.

La ley del cine es la que es. Hay algunas cosas que se podían haber hecho de otra forma.

¿Por ejemplo?

Hay todo un capítulo que ha quedado en una zona gris, que es el tema de la innovación y cómo afecta a las industrias culturales. Tiene que ver con la digitalización de las salas, con la transición al cine digital. Está en el aire quién decide qué, quién paga. En la ley se hace una referencia a que el cine puede formar parte del plan de innovación y que habrá ayudas, pero se queda ahí.

¿Por qué no está en esta orden ministerial?

Porque no lo puedo desarrollar yo solo. Hay que hacerlo con el Ministerio de Industria, que es el que tiene los fondos. Es algo que no ha quedado bien atado, pero en lo que tengo gran confianza. Otra cosa que cambiaría es algún desarrollo de las ayudas, que me parece excesivamente detallado, lo que podría acabar convirtiendo a la Ley en rígida a medio plazo.

Hablando de innovación, usted ha dicho que el ICAA está en la era predigital, ¿cuáles son esas carencias y cómo reforzarlas en tiempos de crisis?

Hay ámbitos de la administración que se han modernizado infinitamente más que el ICAA, que tiene la paradoja de ser una de las partes más viejas en su manera de trabajar, en equipamiento informático y estructura y, sin embargo, está al servicio de una de las partes más dinámicas de la economía española. La dirección que se ocupa de las ayudas a la agricultura es mucho más moderna. Voy a intentar cambiarlo, porque si no vamos a tenerlo difícil para gestionar ciertas ayudas. Espero contar con la complicidad de la administración para tomar decisiones, que unas veces son de recursos y otras de organización. Incluso en tiempos de vacas flacas, cuando se pone dinero bien puesto, se está ahorrando.

¿Está el cine también en la era predigital? ¿Ha tardado demasiado la industria en asumir los cambios en los hábitos de consumo?

No. El cine está donde está la sociedad, que está en transición entre la era predigital y la digital. Hay una parte de nuestra industria cinematográfica y de la mundial que está por delante a nivel tecnológico y narrativo, y en cambio hay otra parte, la de la dimensión económica o empresarial, que sigue con métodos más artesanales. Y algunos seguirán así por muchos años. No haría una crítica sino una llamada a no detener el tren y a estar a la altura de la evolución de las cosas. No se trata de utilizar el último gadget, sino de ir adaptándose a las nuevas oportunidades de difusión cultural.

Pero, ¿entiende que hay un cierto enfrentamiento entre la industria y el sector que se dedica a la tecnología?

No veo enfrentamiento. Sería absurdo. Puede haberlo con algunos que creen que saben más que nosotros o que los demás. Hay algunos que se han erigido en portavoces de no se sabe muy bien qué. Y todos somos consumidores. Tengo respeto por la iniciativa social, pero rechazo que nadie me dé lecciones sobre Internet. No hay conflicto estructural, lo que hay en España y en el mundo es un problema entre modelos de negocio antiguos y nuevos, formas de acceder a la cultura antiguas y nuevas. Esa es la tensión.

¿Ha sentido usted presiones desde alguno de estos dos lados?

He sentido presión como diputado europeo, como director general, hasta ahora no. Pero como diputado europeo, las presiones más intolerables vinieron de sectores que dicen hablar en nombre de la libertad tecnológica.

Sobre la piratería, ¿cómo convencer de que pague a quien ha disfrutado de contenidos gratis?

Esa dimensión de convencer es la importante. La lucha y la superación de la piratería necesita ese elemento pedagógico, y también algunos cambios legales.

¿De qué tipo?

Hay modelos a nuestra alrededor y ninguno de ellos está dando resultados claros. Pero, legislativamente se pueden hacer cosas dejando tranquilo al usuario final, e incidiendo en los intermediarios que se están lucrando con los derechos de propiedad intelectual de otros. Pero insisto: el argumento de por qué va a pagar la gente cuando ahora se hace gratis es relativo. Cuando era niño, robé unas uvas y me llevé una bronca. Las uvas eran accesibles y tampoco creo que por robarlas hundiera a aquel agricultor, pero me quedó claro que no eran mías. Creo que se puede explicar que detrás de cada descarga hay puestos de trabajo que no están en Los Ángeles, sino que pertenecen a un técnico que puede vivir en Lavapiés. Es como con los impuestos: hace 20 años, alguien podía presumir de cuánto había defraudado. No es que hoy no haya fraude fiscal, pero al que presume se le cae la cara de vergüenza por la presión social, porque la legal es la misma.

¿Y la respuesta de la industria del cine?

En paralelo, hace falta reforzar la alternativa legal en Internet. La legitimidad de la lucha contra la piratería se refuerza si hay una alternativa legal potente y con contenido. Uno de los problemas es que las descargas ilegales no se basan en el precio sino en la disponibilidad, en la necesidad de disponer de películas a las 48 horas del estreno. Esto va a llevar a un cambio en los ritmos de exhibición y los dueños de esos derechos tendrán que poner a disposición del público sus contenidos de una manera más clara y más intensa.

Los defensores de la libre difusión cultural esgrimen que nunca se ha visto tanto cine como ahora...

Yo soy defensor de la libre distribución de cultura. Soy tan internauta como otros, y soy defensor del acceso libre y universal, claro que libre dependiendo de lo que entendamos por libre. También quiero trabajo libre y debe ser remunerado. Y sí, hoy se ve mucho más cine que antes. Estoy convencido que la sala de cine no es la única forma de ver películas. Seguirá siendo la más importante o al menos la que tenga la magia, pero ya no es la única, por eso contarán para las ayudas las descargas de pago.

El año pasado se produjeron 173 películas, alrededor de un tercio de lo que se produce en EE UU, de las que 46 no se estrenaron. ¿Se produce en exceso?

Creo en el cine como un producto con una dimensión industrial y otra artística. Así que no me lo puedo plantear como si fueran cascos de moto. No es pura oferta y demanda.

Pero sí como una oferta que no llega a los espectadores tras recibir ayudas públicas.

Sí hay una disfunción entre las películas que se producen y las que se estrenan. Lo que se puede hacer desde la administración pública es ajustar, y ahí encajan algunas reformas en el sistema de ayudas. Lo que debemos hacer desde el ICAA es no estimular esta situación.

¿Y cree que el ICAA ha estimulado esta situación?

Es posible que algunos aspectos del sistema de ayudas vigente puedan haber contribuido. Por eso lo estamos revisando, y es probable que al hacerlo se produzcan cambios.

¿La reducción del número de guiones a los que apoyará el ICAA, que será sólo doce por año, es una de estas medidas?

La propuesta de modificación de las ayudas a guión busca, más bien, profesionalizar a los guionistas en España. Lo que queremos es, en vez de dar muchas ayudas a mucha gente, dar menos ayudas pero dotarlas de tal forma que permitan que el que la reciba pueda concentrarse en redactar un guión, que, luego, se le pueda poner en relación con productores y directores y que, más tarde, se pueda apoyar al guión para convertirlo en un proyecto cinematográfico.

Se apoya a menos cintas pero de más presupuesto.

Sí, de gran presupuesto o medio. En el nuevo sistema se reforma la dimensión económica de las películas. Por tanto, se plantea que una parte de las ayudas a la amortización esté en función de la inversión de la película. Habrá ayudas a las que sólo tendrán acceso aquellas películas con un presupuesto mayor a dos millones de euros y más de 70.000 espectadores. Las producciones más pequeñas tendrán otras. El cine español necesita seguir teniendo películas pequeñas, pero el promedio de inversión podría ser más alto.

De esas películas no estrenadas una salida es Internet, ¿cree en los estrenos simultáneos?

Yo que creo en el peso de la taquilla a la hora de decidir y de valorar una película, lo último que haré es pensar que la taquilla lo decide todo. Hay películas magníficas que han fracasado en taquilla y no por su calidad, sino por problemas de distribución o promoción por eso he introducido esa otra propuesta que condiciona los recursos públicos que son los festivales. Pero lo del estreno simultáneo lo tienen que decidir desde el sector.

¿Puede adelantar esos criterios de calidad, además de los festivales?

Con una comisión que haremos lo más transparente posible. Se analizan los guiones, la solvencia, la trayectoria, se mira la relación entre la inversión propuesta y lo que se quiere hacer. Si se pretende rodar una película de 800.000 euros en África, fácilmente saldrá un churro. Hay parámetros concretos que se pueden valorar.

¿Cómo puede recuperar el cine español el respeto, que, como usted ha dicho, ha perdido?

Se pueden usar muchas analogías, por ejemplo: Pau Gasol. A nadie le parece que sea una tontería patriotera el éxito de una persona, como se ha calificado cuando se habla de cine. Gasol ha creado un ánimo colectivo muy positivo. Cuando yo aplico esto al cine español, la mitad lo tacha de vergonzoso. Y no es lo mismo que gane Nadal. ¿Significa eso proteccionismo cultural? No. Significa valorar el esfuerzo. A partir de ahí, yo no pido que alguien valore una película española mala por ser española. Hay películas españolas malas, vaya tabú he dicho, y hay buenas y medias. Pero en España hay mucha gente que no va a ver cine español porque es malo, sin ir. Eso es lo que considero falta de respeto. En otros ámbitos lo hemos superado. Nadie se avergüenza de llevar moda española. Ese es el esquema que quiero para el cine. Lo que le pido al público y a los medios es que trate a cada película en función de su calidad y no de una sensación.

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