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No sin mi libro

Ken Follet vuelve a la carga con la segunda parte del libro más vendido y ya se ha armado el sarao. ¿El superventas nace o se hace?

TONI POLO / PEIO H. RIAÑO

Los límites están para superarlos y para envejecer. Todas esas pilas y colas que esperaban a los fieles de Harry Potter se quedaron atrás con la nueva promoción. Que llega Un mundo sin fin, con 525.000 ejemplares de arrancada.

Lo nunca visto, lo nunca vendido en menos de dos meses. Las librerías a reventar hacen hueco para el nuevo lanzamiento de Random House Mondadori. Habrá que esperar al próximo febrero a ver qué idean los responsables de marketing de Salamandra para hacer que el niño con magia, vuelva a hacer mucha caja con la puesta en venta de la traducción de la última entrega de sus aventuras.

En la FNAC de Callao

El Best Seller o superventas necesita de una promoción gigante para cumplir expectativas y conseguir que antes de salir a la calle haya casi 1.000 libros reservados en una de las librerías más concurridas de Madrid. En la FNAC de Callao, Mercedes Castro, responsable de libros, coordina a sus ayudantes de la noche para desplazar el último boom. Boris y Millás han envejecido en una noche frente a la nueva entrega de Los pilares de la Tierra de Ken Follet.

“La permanencia en tienda la marcan las ventas. Mira, todavía tenemos en lugar privilegiado a Los pilares. No sabes lo que vende todavía”. Concretamente, no, pero el gremio de editores tiene una cifra estimada de 5.500.000 ejemplares desde que apareció en nuestras librerías. Es decir, uno de cada ocho españoles lo tiene entre sus estanterías.

“Me duelen las lumbares y las muñecas”. Una de las ayudantes de Mercedes. Está colocando un expositor junto a las cajas. Cada uno de los ejemplares ronda los dos kilos de peso y eso se nota. Ni pensar en los lectores que acarreen l tocho en sus mochilas y bolsos durante los viajes en metro y autobús, en las maletas a eventar (como las librerías) en vacaciones, en las mesillasde noche medio cojas, en las baldas combadas de casa.

El establecimiento de la cadena francesa en el centro de Madrid, se ha hecho con 4.000 ejemplares para vender en los dos primeros días. Y no les va a sobrar ni uno. Tienen pilas en cada uno de los pisos.

Llega la marea

Noches antes han llegado camiones con todos los libros que venderán. Otras noches antes más atrás, 100 tráiler empezaban a mover 10.000 toneladas de Ken Follet por la piel de toro. La ola se extendía hasta el último rincón, hasta taparlo todo. Nadie puede escapar a este tipo de operaciones.

De hecho, la mayoría del público lector no quiere hacerlo. Llevan con gusto la sobredosis editorial que achica espacios en librerías, presiona al a crítica y arrincona a los rivales. Las ventas marcan la curiosidad.

El director de marketing de Random House Mondadori (casa en la que se incluye el sello que edita Un mundo sin fin), asegura que los lectores cuando acaban un libro de más de 1.110 páginas pasan por un sentimiento de victoria al haber superado el reto detocar cumbre.

En La formiga d’or

“Teníamos que haber quedado a las siete. Se nos echa el tiempo encima”. Bernat, responsable de la histórica librería La formiga d’or de Barcelona, va de un lado a otro del local. Son las ocho y acaba de llegar el camión con los tres palés que cargan 900 volúmenes de Un mundo sin fin  y otros 270 de Un món sense fi, la versión en catalán, de Edicions 62.

En media hora, el ajetreo se ha trasladado íntegramente al interior de la librería. Los plafones, los aparadores, las catedrales de cartón que cobijarán al best-seller de la temporada. Los montones van disminuyendo en los palés y creciendo en un lugar privilegiado de la librería: “Los vamos a poner formando las torres de una catedral”, comenta, sin dejar de colocar volúmenes. El trabajo es en cadena: desempaquetar la caja, enganchar tras la tapa el chip con la alarma (¡que nadie robe el preciado libro?) y colocarlo en la escultura.

La persiana de La formiga d’or está entreabierta… craso error. “¿A dónde va, señora?” Una anciana ha esquivado todas las cajas del suelo y va directa al rincón religioso. “Quiero el libro de las misas de enero, que ya ha salido”. La que sale es ella: “Está cerrado, señora, por favor, abrimos dentro de veinte minutos…”.

Al fondo otros trabajadores decoran con más rosetones catedralicios. Mientras, tras la escultura principal, Bernat coloca los libros en catalán. “También tenemos en inglés, y más baratos”, dice. Incluso algún ejemplar, sin duda para clientes exclusivos, tiene impresa la dedicatoria del autor.

Segundas oportunidades

Las nueve y media. Se abren las puertas. Nada que ver con las rebajas de El Corte Inglés, pero la primera clienta ha picado: “Me enteré ayer mismo de que salía a la venta y he salido de casa directa”, comenta, sorprendida, Mari Carmen Andrés. “Me leí Los pilares de la tierra cuando salió y desde entonces me lo he leído tres o cuatro veces. ¡A ver si éste me gusta tanto!”.

Trece horas después de abrir las puertas, Bernat respira aliviado. Ha vendido unos 130 libros en castellano y un centenar más en catalán. La proporción no es la que había previsto: “Me temo que me quedaré sin libros en catalán…”, comenta. “De aquí a Reyes habré agotado existencias”, asegura. “Pero sé que otras librerías han sido mucho menos precavidas que yo, así que imagino que antes del día 6 mi librería será la única que tenga el libro en existencias”.

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