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Obama sufre más desgaste del esperado en su 'Año 1'

La dura pugna política con los republicanos, la fragilidad económica y la guerra de Afganistán hacen mella en el Nobel de la Paz. Su apuesta de enviar 30.000 soldados más es muy polémica

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Con sus más y sus menos, Barack Obama ha cumplido lo que prometió al llegar a la Casa Blanca, y además ha ganado un Nobel. Pero el desgaste ha sido grande, mayor del esperado, por la increíble dureza del enfrentamiento político, por la situación económica todavía frágil y por la decisión de mandar a Afganistán 30.000 nuevos soldados.

Esta última será sin duda la decisión de mayor repercusión. Aunque Obama haya apuntado a julio de 2011 como inicio de un posible repliegue, los mandos militares han matizado el plazo presidencial. A finales de año, y en función de cómo evolucione la situación sobre el terreno léase transferencia de poderes y responsabilidades a las fuerzas de seguridad afganas el Pentágono decidirá si Estados Unidos y la OTAN pueden empezar a pensar en retirarse de Afganistán. Hasta entonces, se esperan unos meses de intensa ofensiva contra los talibanes.

Libra dos grandes batallas: contra la recesión y por la reforma sanitaria

La estrategia ha sido comparada a la operación (en inglés surge) que mandó 20.000 soldados a Irak a principios de 2007, cuando la guerra civil estaba en su momento más álgido, y que consiguió rescatar al país del colapso. Muchos dudan sin embargo de que pueda trasladarse al país asiático. En el frente doméstico, Obama ha librado dos grandes batallas; la primera contra la recesión, la segunda contra la inercia de un sistema de salud en quiebra.

El paro, que subió hasta el 10%, será lo que más pese en las urnas en noviembre

El pasado 11 de diciembre, la Cámara de Representantes, después de meses de intenso debate, aprobó por los pelos la mayor regulación financiera de los últimos 80 años, el 'Wall Street Reform and Consumer Protection Act', para ordenar el caos que llevó a la crisis.

La medida introduce por primera vez controles en el mercado de derivados (incluidos los tristemente famosos credit default swaps que hundieron al gigante AIG), hasta ahora totalmente fuera del sistema; en el de los seguros, que estará supervisado por un organismo federal, y en los fondos de alto riesgo (hedge funds).

Esto, sumado a la decisión de extender hasta octubre de 2010 las ayudas del TARP, el fondo especial que se creó en los últimos meses del gobierno Bush para salvar a los bancos del marasmo, y reorientarlo a las pequeñas y medianas empresas, demuestra que Washington todavía teme una recaída económica.

Su promesa de cerrar Guantánamo el próximo día 22 no se podrá cumplir

El paro, que afecta al 10% de la población, será el tema que más pese en la decisión de los votantes cuando se acerquen a las urnas el 2 de noviembre de este año. Desde que empezó oficialmente la recesión en diciembre de 2007, más de siete millones de estadounidenses se han quedado sin empleo. Y muchos, aunque despunte la economía, no lo recuperarán.

La lucha por reformar el sistema de salud en Estados Unidos, magno proyecto que su predecesor demócrata en la Casa Blanca, Bill Clinton, no consiguió llevar a cabo, ha dejado a todos descontentos. A los demócratas más liberales que estiman que el plan no ha ido lo bastante lejos y a los republicanos porque lo consideran lo más cercano al comunismo.

Los planes a favor del medioambiente están estancados en el Congreso

Pero, con sus defectos, supone el cambio más radical en la gestión de la sanidad en Estados Unidos desde que el gobierno de Lyndon Johnson creara en 1965 Medicare y Medicaid, los dos programas que protegen a los mayores de 65 años y a los más desfavorecidos.

En el tintero han quedado algunas de las promesas de los primeros días. La más abrumadora, la de cerrar Guantánamo el 22 de enero de 2010. No podrá ser. Todo ha resultado muchísimo más complicado de lo esperado.

El reciente anuncio de que algunos de los prisioneros, los que serán juzgados en comisiones militares y los que deberían quedarse en detención indefinida, serán trasladados a una penitenciaría en los parajes rurales de Illinois, sólo soluciona parte del problema.

En Guantánamo se quedarán los casi 80 presos que ya pueden ser liberados y que están siendo transferidos a cuenta gotas a otros países, y los que serán trasladados a tribunales federales, como los cinco sospechosos de los atentados del 11-S que se enfrentarán a un juicio en Nueva York, muy cerca de donde se alzaban las Torres Gemelas.

El medioambiente también ha sido víctima de un año demasiado intenso. En el último momento Obama decidió acudir a Copenhague al mismo tiempo que el resto de los mandatarios europeos después de que su propuesta inicial de reducir las emisiones de Estados Unidos un 17% en 2020 tomando como referencia 2005 (y no 1990 como estipula el tratado de Tokio) no fuera bien acogida.

Los proyectos sigue estancados en el Congreso que pone obstáculos a la aprobación de una legislación más restrictiva para empresas y particulares en la emisión de gases contaminantes. Aquí, como en el resto queda mucho por hacer.

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