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Los océanos: la última frontera para la humanidad

JOSEP-MARÍA GILI

Nuestro conocimiento de los océanos es aún muy precario. Durante la primera gran expedición oceanográfica del Challenger, en 1872, se pensaba que no había vida a partir de 2.000 metros de profundidad. En poco más de 130 años se ha confirmado que incluso hay vida en la fosa más profunda del planeta, a 11 Kilómetros de profundidad. Los océanos son la última gran frontera de exploración de la humanidad, sólo comparable en tecnología y reto científico con la exploración del espacio exterior.

Estamos ante una carrera contra reloj en la que el conocimiento está perdiendo frente a la explotación. ¿Llegaremos a tiempo para conocer sus secretos antes de destruirlos sin siquiera haberlos intuido? Ocurre ya en la selva amazónica: su deforestación avanza más rápido que el descubrimiento de los secretos que esconde y que serían esenciales para la biomedicina y la calidad de vida en la Tierra.

Una situación similar sucede con los océanos. La pesca de arrastre está deforestando las plataformas continentales y las actuaciones en el litoral, como la construcción excesiva esta destruyendo los bosques de microalgas y fanerógamas; esenciales para muchas especies y para el mantenimiento de la biodiversidad. Asimismo, la reducción del caudal de los ríos disminuye la capacidad de mantenimiento de las playas y con ellos la destrucción del litoral.

Jaques Cousteau solía decir que sabremos respetar y explotar racionalmente los océanos cuando los conozcamos. Su desconocimiento ha llevado a que aún pensemos que es una fuente inagotable de recursos y un basurero ya que "ojos que no ven corazón que no siente". Los océanos necesitan un cambio inmediato y radical de la gestión de sus recursos y un cambio aún mayor en la mentalidad de su conservación.

 

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