Estás leyendo: "Óscar sí nos debe ver"

Público
Público

"Óscar sí nos debe ver"

El equipo de salvamento afrontará una ruta del Latok II jamás cubierta por ningún escalador

PEPE GARCÍA-CARPINTERO

El repiqueteo de los twins (los anclajes que aseguran las fijaciónes de los alpinistas) se repite continuamente por el glaciar de Biafo y su sonido se difumina con lentitud en la inmensidad del Karakórum. La contrarreloj ya ha comenzado. "Queda una hora menos para que veamos a Óscar", repiten de manera automática los escaladores. Corominas, Zangrilli y Larrañaga fueron los primeros en adentrarse en la mole. Los tres se pasaron todo el día colgados, relevándose con apremio a la hora de fijar las sujeciones y realizar más largos de cuerda.

La escasa aclimatación a la altura corre en su contra. El equipo de rescate, formado entre otros por los mejores especialistas españoles, no puede realizar una ascensión directa ya que sus vidas estarían en peligro. Fijada la altura a la que pretenden llegar, deben descender de nuevo al campo base.

Un refuerzo de cinco escaladores comienza a dar relevo en el rescate

Allí les relevaron Ascaso, Elías y Simón. Y el tintineo de los twins volvía a repiquetear. En ese momento es donde se agradece la profundidad del equipo de rescate que ha conformado el club Peña Guara en ayuda de su montañero.

El rescate es uno de los más complejos planteados a esta altura. Las características de la montaña obligará a los socorristas de Óscar a hacer historia para recuperarle. A recorrer un trayecto nunca antes cubierto. La cordada hará cima por la vertiente sur del Latok II y descenderá por la arista noreste, en la que el montañero español sufrió el fatídico accidente. Ahí les espera un rapel de 40 metros que les conducirá a la repisa en la que se encuentra maltrecho Óscar.

La frase del polaco Kurtyka "el alpinismo es el arte de saber sufrir" se repite más que nunca en el campo base. Es la única manera de comprender este deporte. Plagado de días épicos de gloria y de desgracias heladoras.

"Nos marcamos el domingo por la mañana para llegar a Óscar"

Es la única manera de entender el compromiso de tres norteamericanos, un canadiense y ocho españoles para, altruistamente, rescatar a Óscar. El montañero lleva nueve días en una repisa inmovilizado. La batalla mental debe ser terrible. El oscense sabe que su vida esta en el filo donde acaba la rugosa piedra en la que permanece desde que cayera por la arista noreste. El gas con el que derrite la nieve para hidratarse se va agotando. Es una situación extrema.

La temperatura no debe ser un problema para Óscar. "A esa altura debe estar a diez bajo cero", explica Sebastián Álvaro. Además, la repisa está orientada de una manera por la que el herido dispone de sol durante el día. El oxígeno tampoco es demasiado inconveniente (la temida línea de la muerte se encuentra en los 7.500 metros), por lo que puede mantener una respiración normal. Lo que es verdaderamente complicado es rescatar a Óscar.

Mientras, el primer equipo intenta acceder a un collado situado a más de 5.000 metros. Los helicópteros siguen bordeando la montaña. La burocracia ha dado resultado y la implicación del ejercitó es total, algo de lo que dudaba el equipo porque ayer se celebró el día nacional de Pakistán. La implicación de Zapatero ha sido vital para que el ejército pakistaní cambiara de actitud rápidamente.

"El vuelo de los helicópteros es esencial. La posibilidad de verlo es muy remota. Lo sabemos, dadas las magnitudes de la pared. Pero sí que es muy fácil que Óscar esté viendo el helicóptero y ahí la esperanza no la perderá", dice Lorenzo Ortás, que hace de interlocutor con el campo base dos veces al día desde Huesca y al que ayer se le adivinaba un cierto aire de optimismo. Lo más enrevesado del rescate llegará hoy. "Nos hemos marcado el domingo por la mañana para llegar a Óscar", dice Sebastián Álvaro, "aunque si llegamos antes a él mejor".

El compañero de cordada de Óscar, Álvaro Novellón, no participará en el rescate por las congelaciones que sufre en las falanges distales de ambas manos por hipotermia. "Novellón empieza a notar el cansancio acumulado de esta última semana y de momento no va a subir. Se tiene que tratar de las congelaciones. Está siendo muy útil a la hora de informar de las condiciones al equipo", explica Álvaro desde Skardu.

Novellón ya ha informado a sus compañeros de lo que se encontrarán tras coronar el collado: seracs. Se tratan de grandes bloques de hielo fragmentado en importantes grietas y que suelen ser traicioneros a la hora de superarlos. Los seracs les acompañarán hasta atravesar un tubo de hielo asequible. Al final del tubo comienza la épica: las aristas que llevan a la cima de la mole.

Dependiendo del estado del hielo, en el peor de los casos podrían tardar un día en subir 300 metros, algo que por ahora no temen viendo el calor que reina en la zona.

Tal vez sea por este condicionante que el equipo de rescate ha aumentado el tiempo inicial previsto de ascensión en 24 horas más. "Todos están convencidos que en un máximo de tres días estarán con Óscar", explica Lorenzo Ortás, desde el Peña Guara. Aunque las previsiones meteorológicas juegan a favor de Óscar y dan buen tiempo hasta el día 18 de agosto.

El tramo final será de rapel auténtico. Hasta ahí deben llegar por lo menos cuatro montañeros para montar la camilla y primero subir a Óscar a una arista y descenderle hasta un sitio propicio para que el helicóptero MI 17 pueda de una vez devolverle al campo base.

Más noticias de Política y Sociedad