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El padre de bebé sedado temió por su vida al verlo inerte en una camilla de hospital

EFE

El padre de uno de los bebés a los que supuestamente suministraron Trankimazin en la guardería La Camelia de Vigo en marzo de 2010 llegó a temer por la vida del pequeño al verlo inerte tumbado en una camilla del hospital, sin capacidad de reacción a estímulos externos, como "un vegetal", ha dicho.

En la segunda jornada del juicio contra la excuidadora del citado centro, N.V.G., para quien la fiscal solicita una pena de 14 años de prisión por sendos delitos contra la salud pública y cinco de lesiones, el padre de este bebé, que por entonces tenía siete meses, llegó a "tener la impresión" de que su hijo "se iba morir".

Ha relatado cómo los médicos que lo atendían en urgencias eran incapaces de dar con las causas del cuadro que presentaba el bebé, que se había quedado sin equilibrio, presentaba una palidez extrema, había vomitado el poco de agua que le habían dado y al que se le "caían a plomo" las manos y las piernas cuando se las alzaban.

Tras realizarle un TAC y descartar lesiones cerebrales y una asepsia generalizada, como llegaron a barajar, los médicos supieron más de dos horas después de llegar al hospital que el niño sufría una intoxicación por antidepresivos, por lo que permaneció cinco días ingresado, dos de ellos en la unidad de cuidados intensivos.

Éste fue el segundo de los varios casos que atendieron los servicios de urgencias del Hospital Xeral de Vigo ese día, si bien hubo uno previo en el que un menor, que también iba a la misma guardería, ingresó con una sintomatología similar pero de menor intensidad y recibió el alta sin que sus padres supieran la causa de sus dolencias.

Fue a partir del ingreso de una tercera niña que alternaba fases de sueño y de euforia, con "una risa histriónica, como si estuviera drogada", según el testimonio de sus padres, cuando los médicos empezaron a atar cabos.

Esta niña, que permaneció cuatro días hospitalizada, sufrió un ahogamiento y "se puso azul" cuando le suministraron un suero, según ha declarado hoy su padre, a quien le llamó la atención que los médicos que la atendían comentaran entre sí que era un caso "como el otro", en referencia al segundo de los menores que ingresó por urgencias esa tarde.

La Policía contactó ese mismo día con los padres de otros bebés que compartían aula de 0 a 12 meses en la guardería La Camelia, que le habían encomendado a la acusada, para que se pasaran por el hospital y sometieran a sus hijos a unas pruebas analíticas, algunas de las cuales dieron positivo y otras negativo.

El denominador común en el testimonio de los padres de los bebés intoxicados ha sido que sus hijos empezaron a manifestar síntomas de excesiva somnolencia, cuando la mayoría eran "inquietos", unas dos semanas antes del 12 de marzo, aproximadamente el periodo que A.V.G. llevaba trabajando en el centro.

Sin embargo, la madre de una niña ha relatado que la llevó a urgencias el 22 de febrero, precisamente el día en el que la acusada entró a trabajar en la guardería para realizar una sustitución, después de que el bebé se cayera y se le quedaran los ojos en blanco.

Ha contado cómo posteriormente llevó varias veces a su hija al pediatra porque estaba decaída y por fases era incapaz de sostener la cabeza erguida; que cuando dejó de enviarla a la guardería una semana volvió a estar bien, y que el primer día que regresó del centro se repitieron los síntomas.

A preguntas del abogado de la defensa de A.V.G., los padres han señalado que, en algunos casos, los menores venían tomando medicamentos contra el catarro o la otitis, pero todos han negado que en sus domicilios hubiera antidepresivos.

La mayoría de los padres, muchos de ellos primerizos, han coincidido en que atribuyeron el decaimiento, los vómitos y las manchas rojas que a algunos de sus hijos les salieron en la cara en las semanas previas al 12 de marzo de 2010 al cansancio por la actividad en la guardería o a que les estaban saliendo los dientes.

La dirección de la guardería convocó a algunos de los padres a una reunión el domingo para comunicarles que habían despedido a A.V.G., y a estos les convencieron las explicaciones y mantuvieron a sus hijos en el centro.

A otros no los llamaron e incluso alguno que fue a pedir explicaciones tres días después de lo sucedido se encontró con las "evasivas" de la dirección. La mayoría de estos últimos decidió buscar otra guardería.

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