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El párroco que siempre dice no

La niña con síndrome de Down recibe al fin la comunión mientras los vecinos del pueblo critican la actitud del cura

GUSTAVO FRANCO

No hace falta pasar muchas horas en Teià (Barcelona) para encontrar a más de un ciudadano resentido con el párroco Josep Lluís Moles. Estos días son los padres de Carla, la niña a quien negó la primera comunión por padecer síndrome de Down y que, por fin ayer, tras tres años, pudo recibirla, aunque en otro templo de Badalona. Pero hay más.

La máxima autoridad religiosa de este Ayuntamiento de 6.000 habitantes es un hombre de más de 60 años que asumió el cargo hace unos 20. Según uno de los concejales del consistorio, Jaume Sabatés Dueso, las quejas alguna vez llegaron hasta el Arzobispado de Barcelona por la negativa a conceder un espacio parroquial para la realización de actividades juveniles porque no le agradó la propuesta de adaptar una misa especial al público infantil.

Toni, un camarero de esta población del litoral barcelonés, también tiene sus quejas: "Cuando mi padre murió, se comprometió a oficiar la misa. Pero al día siguiente se negó a hacerlo porque dijo que tenía que dar clases", aún cuando le insistió repetidas veces.

"Creo que es un purista que aplica normas y no sentimientos", añadió el conejal. Simbólico o no, recibir el sacramento católico no es una discusión doctrinal para Alejandro Millet, padre de Carla. "Si incluso un asesino, un criminal, ha llegado a recibir la comunión", afirmó indignado ante la negativa del párroco de administrar el sacramento a su hija. El párroco se negó ayer a atender a Público, que intentó recabar su opinión sobre lo sucedido.

Carla recibió ayer la primera comunión, en una ceremonia que empezó a las 12.00 horas, con sus padres en primera fila. La iglesia de la Parroquia Mare de Deu del Roser de Badalona estaba llena y los abanicos espantaban el calor. "Se portó estupendamente y no hubo nada de gritos, como predijo el sacerdote de Teià", explica Lidia Solanellas, madre de la menor, que no encontró el rechazo de ningún párroco ante las limitaciones de su hija de diez años.

"Ha sido todo muy doloroso, pero lo peor ha pasado", explicó la madre al salir del templo. "Encontré grupos de niños con su misma anomalía, pero quería que recibiera la comunión con su hermano gemelo, que no tiene el síndrome, en una misa normal".

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