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Con una participación electoral por los suelos

La asistencia a las urnas bajaría del 46% de la última convocatoria europea hasta un 40%

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A un mes de las elecciones europeas, los electores parecen tener la cabeza en otras cosas. El nivel de respuesta en las preguntas sobre intención de voto y pronóstico es mucho más bajo de lo normal que en otras encuestas preelectorales; la indecisión, mucho más alta.

Si no cambian mucho las cosas y, en las circunstancias actuales, es poco probable todo indica que volveremos a ver un máximo de abstención, con una tasa de participación que puede quedarse en poco más del 40%. Ya en las elecciones de 2004 votó sólo el 45,9% de los electores residentes en España y ahora hay todavía menos expectativas y tensión electoral que entonces.

Una comparación con los resultados que se obtenían en encuestas realizadas en mayo de 2004 da la medida de la abstención que puede esperarse ahora. Un mes antes de aquellas elecciones los indecisos eran aproximadamente un 20% del electorado y había alrededor de un 10% que se declaraba abstencionista decidido; alrededor del 60% tenía, entonces, intención de voto definida; y a las urnas, al final, acudió menos del 46%.

En este Publiscopio realizado ahora, los electores que dicen que no votarán son un 15,7% y un 32,4% dice que no sabe lo que hará; sólo un 47,7% tiene intención definidas de voto, y de ellos, sin duda, una parte al final no irá a votar. Con estas tendencias, a no ser que los ánimos de los electores se movilicen a última hora y no hay razones para esperarlo, la participación bajará varios puntos, al entorno del 40%.

En una situación de tan baja participación general, el resultado lo deciden las participaciones diferenciales, que, en el caso de unas elecciones de este tipo, dependen no tanto de la distinta tendencia sociológica a la participación de los votantes como del significado que tengan para ellos estas elecciones concretas en esta coyuntura.

Para los votantes del PP estas elecciones parece que ofrecen significado de primarias y muchas expectativas de ganarlas, lo que sin duda animará su participación. Para los votantes del PSOE pueden representar un chaparrón más en este tiempo tormentoso de la crisis que les toca aguantar, esperando a que escampe, lo que podría inducirles a la abstención.

Para Izquierda Unida y UPyD es una oportunidad de medir fuerzas, pero Estrasburgo está demasiado lejos, sus candidatos son demasiado anónimos y parece que sus votantes potenciales están en fase regresiva tras unos picos de euforia pasajera. Los partidos nacionalistas, salvo cuando sus candidatos encabezan la lista, quedan bastante desdibujados en las coaliciones, lo que tampoco anima al voto.

En suma, solo los dos partidos principales y sobre todo el PP tienen con qué empujar la participación de sus votantes. En 2004 sumaron entre los dos casi el 85% del voto y ahora es posible que superen esa cota.

En la actualidad, las tendencias de voto siguen siendo muy favorables al PP, con poco cambio desde el mes pasado. La mejora de un punto en la estimación de voto para el PSOE le deja aún tres puntos y medio por debajo de su resultado en las anteriores europeas y cuatro puntos por detrás del PP, que podría lograr el 7 de junio su mejor resultado en este tipo de elecciones. Es muy significativo el hecho de que una amplia mayoría de los votantes del PP esté convencido de que van a ganar estos comicios y un tercio de los votantes del PSOE piensa que van a perderlos.

Respecto al Publiscopio anterior, IU baja bastante sus perspectivas de voto y UPyD las mejora algo. Pero ambas formaciones tienen asegurado sólo un escaño y podrían quedarse sólo con él. En todo caso, ambas se encuentran ahora por debajo de los niveles generales de voto que se les ha estimado en meses anteriores.

La coalición liderada por los dos partidos nacionalistas principales, Coalición por Europa, es la que mejor conserva sus posiciones. Pierde un punto por la defección del BNG, pero probablemente repetirá un resultado parecido al de Galeusca en 2004 y tanto CiU como PNV conservarán su presencia en el Parlamento europeo.

La coalición formada por Aralar con EA, ERC, BNG, Europa de los Pueblos-Los Verdes, no parece que vaya a lograr ni siquiera un escaño: en la encuesta sólo un 0,5% de los entrevistados citó a esa coalición (o a alguno de sus componentes) en la intención de voto. Aralar, un grupo político en ascenso, pero minoritario, se ha coaligado con los partidos nacionalistas que más voto han perdido en las elecciones recientes. Y la suma parece que resta.

El segundo componente de la coalición es la Confederación de Los Verdes, que en las anteriores elecciones europeas se presentó en la lista del PSOE (y logró así un escaño en Estrasburgo, el de David Hammerstein, que discrepa de la nueva coalición). No parece que hayan hecho ahora un buen negocio electoral eligiendo nuevos socios.

Por otra parte, la etiqueta verde sigue dividida en España: a estas elecciones, como a las anteriores, se presenta también Los Verdes-Grupo Verde Europeo, que en 2004 se llevaron 68.000 votos, aparte de varios grupúsculos con la misma etiqueta.

Estos días ha vuelto también a los medios la cuestión del posible apoyo de ETA a una de las candidaturas de izquierda radical que se presentan a las elecciones, con el objetivo de obtener, a través de ella, presencia en el Parlamento Europeo.

Con independencia de que haya o no alguna base para pensar tal cosa, la probabilidad de que una candidatura así consiga un escaño en estas elecciones es muy baja, aunque contase con el apoyo declarado de los votantes de Batasuna. La última vez que sucedió algo parecido fue en 1999, cuando se presentó a las elecciones europeas Euskal Herritarrok y con 307.000 votos consiguió el penúltimo escaño en disputa de los 64 que nos correspondían entonces. De esos votos, 81.000 los obtuvo fuera del País Vasco.

Pero ahora son 50 los escaños a repartirse, y para conseguir uno se necesitarán como mínimo 280.000 votos, si solo vota el 40% del censo. Aunque una lista respaldada por Batasuna mantuviese todos los votos que en las elecciones de los últimos años han logrado sus candidaturas en el País Vasco y continuase recibiendo tantos votos del resto de España como en 1999 ambas cosas muy improbables no llegaría ni de lejos al voto necesario para lograr un escaño.

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