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"De pequeño daba unas patadas que eran la hostia"

Cantaor. Hizo las pruebas del Real Madrid con 12 años, pero ahora su único contacto con el deporte rey es a través del mando de la Play

JESÚS MIGUEL MARCOS

Era casi igual, pero a tamaño reducida. La melena rizada, la piel tostada, los ojos de ébano, la energía de una turbina y la malicia de un reptil. Diego El Cigala todavía no era Diego El Cigala: era Ramón Jiménez Salazar, tenía 10 años y se pasaba el día detrás de un balón en la corrala del barrio madrileño de Lavapiés. Debía meter miedo: "Hubiera sido un futbolista polémico, al estilo de Cantona. De pequeño daba unas patadas que eran la hostia. Éramos un grupo de gitanos que jugábamos muy bien al fútbol. Desde las 11 de la mañana, todo el día, a 40 grados".

Un día, se fue con Pepe Luis Carmona, futuro integrante de La Barbería del Sur, a la ciudad deportiva del Real Madrid para hacer las pruebas de alevines. Porque El Cigala iba para futbolista, pero en serio. "No me cogieron porque todavía no tenía la altura, me dijeron que esperase un par de años", recuerda el cantaor, sentado en el jardín de su chalé de Villaviciosa de Odón (Madrid) al anochecer.

Poca puntería la de los ojeadores del Madrid. Quizás tenían delante al buitre gitano... "¿Tú sabes que Ribéry y Zidane jugaban al fútbol con los gitanos de Marsella? El gitano, el moro y el francés siempre han tenido un juego muy parecido, muy callejero", analiza.

El Cigala no pudo esperar. Su mundo era del tamaño de un balón... hasta que oía el rasgueo de una guitarra. Aquellas notas eran órdenes invisibles que se apoderaban de su voluntad y, sobre todo, de su voz. Dos años después no acudió a la ciudad deportiva, fundamentalmente porque estaba en Japón. "Tenía 14 años y engañé a mis padres. Les dije que me iba a Italia y me fui a Japón, a cantar con la compañía de Paco Peña".

Alguien podrá pensar que oír al Cigala hablando japonés es todavía más difícil que verlo marcar el gol decisivo en una final de la Copa de Europa. Se equivoca. "Anan sata moi noin ne", se le oye mascullar de repente. ¿Cómo? "Eso significa poco a poco. Y O mi si kuda sai: un poco de agua, por favor". Al rememorar sus días en Oriente, El Cigala se anima y comienza a lanzar frases en japonés sin ton ni son: "Anata tsa nan moi ne", parece decir a continuación, cuando todo tiene pinta de convertirse en una tomadura de pelo. "Lo chapurreo, suficiente para entenderme con los japoneses. Sin embargo, no tengo cojones de hablar en inglés, no hay manera". ¿Pero lo ha estudiado? "Qué va, qué va, pero he ido muchas veces".

Su profesión le ha convertido en un viajero infatigable. Al día siguiente de la entrevista viaja a Milán. Cuatro días antes cantaba en Córdoba, Santander, Tarragona... En la capital cántabra compartió mesa con Felipe González. "Es una persona bárbara afirma el cantaor; le dije que se presentara a las elecciones, que ganaba fijo. Pero me dijo que no volvería a pasar por la experiencia de presidente, que está muy a gusto. Me imagino lo que tiene que ser convertirse en presidente del Gobierno. Sólo tienes que mirarle la cara a Zapatero: ¡Está avejentado! O Barack Obama, que tiene el pelo blanco".

Dice que él es de pueblo, pero que le gusta estar con los grandes y con los chicos. La gente influyente, como Felipe, le seduce, aunque nadie como Camarón. "Tenía una presencia arrolladora. Pasó este gitano por la Quinta Avenida de Nueva York, una calle con etnias de mil colores, y toda la acera hizo así [y hace el gesto de girarse], como diciendo: Hostia tú, este señor tiene algo".

Nuestro cantaor volvió a encontrarse con su querido fútbol muchos años después. Fue en un partido benéfico contra el cáncer, en el Santiago Bernabéu. De un lado, los toreros; del otro, los cantaores. "Estaban Joaquín Cortés, Morante de la Puebla, El Juli... Paco de Lucía era el portero. Le gusta mucho el fútbol, pero era malísimo, malísimo. Recuerdo que me desmarqué por el lateral izquierdo, corrí por la banda y, en ese momento, vi el botijo y me paré. Dejé el balón y me fui a por el botijo. Imagínate. No duré ni dos carreras", y se ríe a carcajadas.

El fútbol le acompaña, ahora gracias al FIFA 2009 de la Play. "Juego con mi hijo, que es una máquina. Me trae todo sobresalientes. No sé a quién habrá salido".

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