Público
Público

El tiempo que perdemos en ir a trabajar iguala a ricos y pobres

Los desplazamientos, igual de largos y pesados para todos, anulan las diferencias sociales, según un estudio realizado en Sao Paulo

HENRIQUE MARIÑO

Los moradores de las grandes ciudades le dedican una buena ración del día a desplazarse hasta el puesto de trabajo. Algunos, incluso, acumulan tantas horas de tránsito que algunas lenguas los han bautizado con nombre propio. Son los commuters anglosajones o los pendolari italianos, gente rica/gente pobre que, nada más poner un pie en el trasporte público o en su coche particular, asiste a la pulverización de las diferencias sociales.

¿El motivo? El asfalto y las vías terminan igualando a currantes de distinta ralea, que emplean prácticamente el mismo tiempo en salir por la puerta de casa y entrar por la del trabajo. Así sucede, al menos, en Sao Paulo, donde moran unos 20 millones de habitantes y cada día circulan 263.000 coches, 150.000 camiones y 24.000 autobuses.

Allí se lleva a cabo, cada diez años, una radiografía de los hábitos de transporte de su región metropolitana (ver gráficos), cuyos últimos resultados ahogarán las penas de los pobres en gasoil. Ricos, precarios y necesitados emplean entre 34 y 41 minutos en ir al tajo o a la sala de juntas.

Curiosamente, los paulistanos que cobran menos de 250 euros (poco más que el salario mínimo) tardan 37 minutos en sus desplazamientos, cuatro menos que los que cobran 1.000 euros, pero sólo tres más que los que se llevan 2.000 euros al bolsillo. Es decir, un camarero se embolsa ocho veces menos dinero que el cliente engolado al que sirve un café, aunque su diferencia de salarios no se refleja en los minutos dejados en la carrera.

No importa pues que pongas pladur o que seas director ejecutivo de una agencia de publicidad, ya que el metro, el bus o el tren de cercanías circulan a la misma velocidad sea quien sea el usuario. Y, al final, todo hijo de vecino tiene que coger un medio de locomoción para poder cumplir con sus obligaciones laborales. Eso sí, aunque tarden casi el mismo tiempo en ir al trabajo, cuanta más renta, menos viajes en transporte público y más en coche y moto.

El estudio Origem e Destino, coordinado por Metrô y con datos de 2007, revela "una especie de justicia social" para los usuarios de transporte colectivo e individual, así como para los que prefieren caminar o ir en bicicleta. "Y la tendencia", según explica un experto al Estadao, "es que [los tiempos] se igualen todavía más".