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Los porqués de las elecciones

La derrota del PSOE, la victoria de Rajoy, el papel de IU y el estancamiento de los nacionalistas, las claves de estas elecciones

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¿Por qué ha perdido el PSOE? Jesús Maraña

Si un Gobierno que se desayuna cada mañana con el dramático récord de cuatro millones de parados hubiera ganado los comicios europeos, lo mínimo que cabría exigir es el despido inmediato del líder de la oposición. Sin embargo, harían mal los socialistas si interpretan su derrota en la línea que anoche insinuó la secretaria de Organización, Leire Pajín. El PSOE ha salvado los muebles. Cierto: pudo ser mucho peor. Es el partido socialista que mejor resultado ha conseguido en toda Europa. Cierto, lo cual también significa que la UE gira a la derecha y Zapatero empieza a tener más sintonías socialdemócratas con Obama que con socios y vecinos. ¡Qué soledad!

El PSOE tendrá que analizar con detalle la sangría de votos que ha sufrido en los territorios que le han llevado al poder, muy especialmente

Catalunya y Andalucía. Zapatero ha decepcionado a muchísimos catalanes y su partido parece aburrir ya a muchos andaluces. El éxito de la derecha en Valencia y Madrid, donde se ha volcado para movilizar a sus bases tanto contra el Gobierno como contra las múltiples sospechas de corrupción del PP, demuestra que el PSOE sigue teniendo en esos feudos dos enormes asignaturas pendientes. Ahora dispone de tres años para aprobarlas.

El PP es el claro vencedor. Ha ganado las primeras elecciones de ámbito estatal desde 2000, ha triunfado en porcentaje de votos con su mejor resultado histórico en unas europeas y ha obtenido dos escaños más que el PSOE. El resultado supone un importante alivio para Mariano Rajoy en un momento en que se encuentra sometido a fuertes tensiones tanto desde fuera del partido -por los casos de corrupción del PP-como desde dentro: un descalabro en los comicios hubiera dado renovados bríos a las corrientes que llevan meses cuestionando a la actual dirección.

El Rajoy que ha ganado las elecciones europeas no es el del perfil moderado que intentó ensayar a comienzos de la legislatura, sino el Rajoy entregado a las fuerzas más derechistas del partido -encarnadas en Mayor Oreja- y partidario de la más estridente estrategia de crispación. Los resultados en la Comunidad Valenciana y Madrid sugieren que los escándalos de corrupción no causan mella en el PP.

El líder conservador puede respirar tranquilo. Pero cometería una temeridad en sentirse fuera de todo riesgo. Faltan tres años para las próximas generales y muchas cosas pueden cambiar. Habrá que ver, entre otras cosas, qué rumbo toma la crisis económica que hoy castiga al Gobierno.

Si resistir es vencer, Izquierda Unida tiene algo que celebrar por primera vez en la última década. Y es que desde las elecciones municipales de 1999, IU perdió diputados o concejales en todas los comicios. Una tendencia que rompió ayer.Pero el hecho de que la formación de Cayo Lara haya mantenido sus dos eurodiputados, no puede ocultar la cara negativa del descenso de apoyo electoral a IU, que ha perdido casi un 10% de votos. Una formación que no alcanza ni el 4% de los sufragios, en unas elecciones donde la importancia del voto útil es mucho menor que en unas generales, está instalada en la irrelevancia. Y camina peligrosamente hacia la desaparición.
Esta vez, todos los sectores de IU han hecho un esfuerzo por mostrar una imagen de unidad, así que no cabe culpar de la pérdida de votos a la tradicional división de la coalición. Parece pues urgente una reflexión sobre el proyecto.

Los resultados de ayer también tienen para IU una clave territorial. Sus graneros electorales son Catalunya, Andalucía y Madrid, que aportan un 60% del electorado total de IU en las europeas. Pues bien, mientras en Andalucía ha crecido ligeramente y en Madrid ha resistido, en Catalunya ha sufrido un verdadero batacazo. 

El voto nacionalista en estas elecciones europeas suma alrededor del 8,7% de los votos, unas décimas menos que hace cinco años, y confirma así su estancamiento. Es verdad que bajo la etiqueta de nacionalista, en otras ocasiones, se habían sumado votos de regionalistas como Unión Valenciana, pero lo cierto es que había motivos para que en esta ocasión se invirtiera la tendencia a la baja de las últimas citas electorales. La principal era la vuelta a las urnas de la izquierda abertzale de la mano de Iniciativa Internacionalista, que suma 175.000 votos al saco nacionalista. Pero también se esperaba una respuesta más contundente en las urnas de los electorados del PNV, aún convaleciente de su paso a la oposición, y de CiU, que había presentado estas elecciones como unas primarias de las catalanas del año que viene. Ni unos ni otros cumplieron las expectativas. El PNV salva el primer puesto en Euskadi por los pelos y CiU avanza, pero no lo suficiente como para acercarse al PSC. Estos resultados junto a la ya más previsible bajada de ERC y el BNG arroja que el resultado global de los nacionalistas se haya quedado más o menos igual.

Con todo, aunque no pasen por su mejor momento, el voto nacionalista es estructural. Y su clientela no se deja llevar por la polarización.

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