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La presidencia de la UE pide a China que clarifique la situación del Tíbet

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La Presidencia eslovena de la UE ha pedido hoy a Pekín "una urgente clarificación de la situación en el Tíbet" y ha instado a que tanto las autoridades de Pekín como los manifestantes tibetanos abandonen la violencia.

Los 27 Estados miembros de la Unión Europea (UE) están "profundamente preocupados" por los informes sobre los incidentes en el Tíbet", según una declaración de la presidencia comunitaria de turno, que traslada "su simpatía y sus condolencias" a los familiares de las víctimas.

Esta declaración se suma a otras realizadas hoy por el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pöttering, y por la portavoz de Exteriores de la Comisión Europea (CE), en las que también se pide a ambas partes un cese inmediato de la violencia.

Las instituciones europeas coinciden al rechazar el uso de la fuerza por parte de los manifestantes tibetanos, pero también reclaman que la respuesta de las autoridades chinas sea "medida y nunca desproporcionada", como ha subrayado Pöttering.

La presidencia eslovena ha destacado la importancia del derecho a la libre expresión -siempre que sea pacífica- de los manifestantes, y en el mismo sentido, la cámara europea ha pedido "el libre acceso de los periodistas al Tíbet.

En cuanto al posible boicot a los Juegos Olímpicos de Pekín, la portavoz de Exteriores en la Comisión, Christiane Hohmann, declaró que éste "no sería la forma más apropiada" para promover la defensa de los derechos humanos en China.

Pöttering, por su parte, calificó la proximidad de este evento deportivo como "una oportunidad para que China muestre su compromiso hacia los derechos humanos", y declaró que mantiene "esperanzas de que el ejecutivo Chino hará todo lo posible para que los Juegos sean un éxito".

Desde la presidencia de turno no se ha hecho ninguna referencia a los Juegos Olímpicos.

Tanto la Comisión, como el Parlamento y la Presidencia europea han reivindicado el diálogo como vía de solución para el conflicto, en el que han muerto entre diez personas (según las autoridades Chinas) y cien (según el gobierno tibetano en el exilio).