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Algunos pueblos se mueren por Navidad porque sus vecinos huyen de la soledad

EFE

Municipios salmantinos como Sexmiro, El Groo, Villar de Flores y Peramato se quedan sin gente los días de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, ya que los pocos vecinos que los habitan huyen de la soledad para estar con la familia.

Es el caso de El Groo, un pueblo de la comarca de Vitigudino, donde sólo viven cinco personas, todas de avanzada edad y que, según las gentes de esta localidad, se marchan con su familia, la mayoría a la capital salmantina.

Los pueblos de El Groo, Cerezal de Puertas, Manceras y Puertas forman, entre los cuatro, un sólo municipio y en total tienen 80 habitantes.

"En El Groo no se queda ningún vecino en estos días", ha explicado a EFE el alcalde, Miguel Rodríguez, que reconoce que la vida es muy complicada y que "tenemos miedo de la gente extraña que pueda venir a robar, ya que cada vez hay más ladrones que se llevan todo lo que pillan en estos pueblos donde casi no queda nadie".

Son aldeas que carecen de vigilancia y donde sus vecinos son reacios a recibir a nadie, debido a que, en más de una ocasión, han sido engañados.

Una situación similar la viven los dos únicos vecinos del municipio de Peramato, en pleno Campo Charro y a caballo entre Ledesma y La Fuente de San Esteban.

En este pueblo sólo viven dos personas, Juan Rodríguez Bernal, un jubilado de 80, y su sobrino Juan Andrés Bernal, que aún trabaja en las labores campesinas.

Los dos se marchan con su familia más directa a pasar las Navidades.

Villar de Flores, en la comarca de Ciudad Rodrigo y en plena Sierra de Gata, es otro ejemplo de pueblo muerto en Navidad.

En esta aldea sólo vive una familia, que en las fechas navideñas prefiere permanecer a lado de los suyos en la cabecera de comarca.

Otro de los ejemplos más significativos es Sexmiro, un municipio situado en la comarca salmantina del Campo de Argañan, próximo a Portugal y con tres calles sin asfaltar: Calle El Medio, Calle La Iglesia y Calle La Fuente.

En Sexmiro, donde sólo hay tres teléfonos, viven durante el año siete personas, en tres hogares diferentes, y sólo dos matrimonios pasarán la Navidad en él.

Uno de ellos es el de Estrella Pacheco, de 81 años, y Mariano Vicente, de 83, que pasarán las Navidades en su casa, al calor de la lumbre, ya que "nuestro hijo vive en Barcelona y este año no puede venir".

Los dos reconocen que "a pesar de que no hay gente, en el pueblo nosotros somos muy felices los dos".

En todos estos pueblos no hay comercios, la mayoría de sus vecinos rozan los 80 años de edad y hacen la compra gracias a los vendedores ambulantes de pan, carne y pescado, que se recorren la casi totalidad del Oeste de Salamanca para cubrir las primeras necesidades de los habitantes.

Las calles están desiertas, la mayoría de los tejados desvencijados y sólo pasea por la calle algún turista madrileño, que prefiere pasar la Navidad lejos del ruido de la capital de España.

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