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La pugna del PSC y CiU da oxígeno al PP en Catalunya

Dejan de vetar a los populares y los usan como arma arrojadiza para 'erosionar' a su rival

FERRAN CASAS

Sin comerlo ni beberlo el PP catalán se ha situado en el centro del mapa político. La pugna que, en clave preelectoral, mantienen CiU y el PSC, ha dado a los de Alicia Sánchez Camacho cierta pátina de normalidad. Nadie se los rifa aún, pero el ánimo de erosión entre PSC y CiU les ayuda a sacar la cabeza. Hasta que el próximo exabrupto o intromisión desde la calle Génova a su sucursal catalana lo frustre, nada priva a PSC y CiU de sacar, de diferente forma, provecho del PP como elemento de desgaste de sendos electorados.

CiU ya hace meses que levantó de forma discreta el veto a los conservadores. Ni Artur Mas ni ningún otro dirigente de la federación acudirán, como hicieron en otoño de 2006, de nuevo a un notario para solemnizar su compromiso de no llegar a ningún tipo de acuerdo con ellos (cosa que sí hicieron entre 1996 y 2003).

Desde hace unos meses, cuando se preguntaba a Mas por ello, el líder convergente echaba balones fuera olvidando al notario. Esta semana, Josep Antoni Duran i Lleida, siempre más proclive a la entente con los populares, admitió que un acto así ya no tendría hoy "ningún sentido".

Sólo el recurso contra el Estatut del PP aparece como un escollo. Pero se prevé que el Tribunal Constitucional resuelva en lo que queda de año. Lo hará, por tanto, antes de las próximas catalanas, que, si el Govern de Montilla no descarrila en el desenlace de las negociaciones sobre el nuevo modelo de financiación, serán a finales de 2010. El dirigente del PSC Joan Ferran definió la actitud de unos y otros de forma gráfica: "CiU y el PP parecen gatos en celo que se buscan mutuamente", espetó.

El caso de los socialistas es diferente. Pese a lo que afirman algunos terminales mediáticos de la federación nacionalista al establecer paralelismos entre la actuación de socialistas y populares en Euskadi y Catalunya, no hay expectativa alguna de pacto ente José Montilla y Sánchez Camacho. Otra cosa es que el president se prodigue en gestos para echar un cable a la líder del PP catalán e impedir que el voto de derechas se quede todo en manos de Artur Mas. Casi todo vale para frenar la tendencia al alza de CiU.

A partir de ahora los gestos podrían ir a más. Han quedado atrás las generales y las europeas, campañas en que el PSOE y PP son grandes rivales, y demonizar a los conservadores es la estrategia que se ha revelado como más cómoda y rentable.

Montilla se ha reunido en diversas ocasiones con Sánchez Camacho y ha buscado su apoyo en temas como la Oficina Antifraude (sin éxito) o el Consejo de Garantías Estatutarias. En este último caso, las negociaciones van por buen camino. Al PP catalán, que aún no ha exorcizado los problemas internos que con inusitada virulencia se pusieron de manifiesto en su congreso de hace un año, le interesa sentar en el Consejo al ex presidente del partido en Catalunya, Daniel Sirera, que desde el Parlament pone chinas en el camino de Sánchez Camacho, ahora senadora.

El PP dio la campanada cuando, en Barcelona, llegó a un acuerdo con el alcalde socialista, Jordi Hereu, sobre la gestión del Centro Internacional de la Paz en el Castillo de Montjuïc. La presencia del ministerio de Defensa en el consorcio provocó el voto en contra de CiU, ERC e ICV-EUiA.

En el PP respiran optimismo ante la "bola" que les dan unos y otros después de años de ostracismo en Catalunya. "La época del Pacto del Ti-
nell [el acuerdo de gobierno de la izquierda catalana en 2003 que, en pleno aznarato, vetaba los acuerdos con el PP en cualquier ámbito parlamentario o institucional] y de los notarios ha pasado", afirman.
Ahora sólo les cabe esperar a que el TC falle para empezar a reivindicar como propio el Estatut y reiterar entonces sus ofertas de pacto a los convergentes, "que, si no quiere pactar, deberá explicar por qué".

Saben que en los gestos de Mas hay mucho de despecho con Zapatero y poco de convicción. Pero son una pose "táctica" que no desaprovecharán. Por contra, fían su relación con la federación a Duran i Lleida, de quien confían en lo "estratégico" de su acercamiento a los populares.

Fuentes cercanas a Sánchez Camacho no dudan en celebrar que los "incumplimientos" de Zapatero con Catalunya ya no ponen tan fáciles "los cordones sanitarios" y señalan como un elemento clave "el relevo de Acebes y Zaplana, que no entraban ni con calzador en Catalunya, por Cospedal y Sáenz de Santamaría, que trasladan otra imagen del partido". Habrá que ver lo que dura una situación que ni ellos se esperaban.

 

 

14 diputados

Tiene en la actualidad el PP en el Parlament, donde hay 135. CiU tiene 48. Está, por lo tanto, a seis escaños de la mayoría absoluta.

18% de votos en Catalunya

Consiguió el PP en las europeas. En las generales del 9-M obtuvo el 16,39% y más de 600.000 votos. Estas cifras se ven muy reducidas en las elecciones catalanas. En las de 2006 su porcentaje se quedó en el 10,7% de los votos.

284 concejales

Son los que tiene el PP en Catalunya. CiU tiene 3.387, el PSC 2.570, ERC 1.581 y ICV-EUiA 451.

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