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"Quería contar toda la verdad, no sólo el punto de vista chino"

El director de 'Nanjing! Nanjing!", sobre las atrocidades del ejército japonés en la ex capital china, pone "cara humana" al enemigo

ANDREA RODÉS


El rostro pálido de Lu Chuan parece iluminarse cuando recuerda indignado los insultos que ha estado recibiendo por e-mail desde que se estrenó su última película, Nanjing! Nanjing!, a finales de abril. De "traidor a la patria" a "creador de basura", decenas de espectadores y críticos de cine no se han mordido la lengua para mostrar a este joven cineasta de 38 años su desilusión por un filme que narra la masacre llevada a cabo por el ejército japonés en 1937 en Nanjing, entonces capital de China, desde el punto de vista de un soldado nipón .

"Incluso recibí una amenaza de muerte", explica Lu, meneando la cabeza en señal de frustración. El papel interpretado por el actor japonés Hideo Nakaizumi, un soldado nipón que, abatido por el sufrimiento de no poder detener las atrocidades de sus compañeros, acaba suicidándose, ha despertado una gran polémica en China, ya que por primera vez un director ha puesto una cara humana al enemigo histórico del país: Japón.

"Quería hacer una película objetiva, contar toda la verdad, y no sólo desde el punto de vista chino", dice Lu, jugando con el vaso de té helado y protegiéndose los ojos del sol de mayo pekinés. En los últimos años, en China se han producido decenas de películas y documentales chinos sobre la masacre de Nanjing —en la que murieron 300.000 personas y miles de mujeres fueron violadas, según el gobierno chino—, pero Lu ha sido el primero en no conformarse con retratar a China como víctima, tal y como dicta la propaganda oficial, sino en retratar el sufrimiento humano de los personajes.

"Fue una gran noticia saber que me daban el permiso oficial para rodarla", recuerda Lu. El guión estuvo casi siete meses en manos de la Sarft, el buró de censura oficial, hasta que finalmente fue aprobado. "Era tan largo que seguro que no lo acabaron de leer", bromea el director. Pero Lu está convencido de su aprobación tiene mucho que ver con que el gobierno chino quiera mejorar las relaciones con Japón, su principal socio comercial, especialmente en época de crisis.

En China sigue existiendo un fuerte sentimiento antijaponés, fruto de la propaganda nacionalista y del hecho que Japón aún no haya pedido perdón de manera oficial por las atrocidades cometidas durante la ocupación del país. Pero la mejora de las relaciones con Tokio fue clave para que autorizaran el guión, que por primera vez se desmarca del tono nacionalista y antijaponés que caracterizan los filmes sobre la masacre. "Sólo me pidieron que rebajara el contenido violento", asegura Lu.

Sin embargo, la película es un continuo desfilar de escenas violentas —violaciones, mutilaciones y masacres— que ponen en evidencia los crímenes cometidos por los japoneses y hieren la sensibilidad del espectador. "El color negro me sirvió para reforzar la presencia de la sangre y la oscuridad", explica Lu. Rodada en blanco y negro, la película guarda bastantes parecidos con La lista de Schindler, el conocido filme sobre el "nazi bueno", y Lu no niega que fuera una de sus principales fuentes de inspiración. "Me pasaba las escenas una y otra vez y tomaba notas de lo que más me gustaba", reconoce Lu.

El resultado es una película que "trata de reflejar el sufrimiento y la capacidad de resistencia del ser humano, sobre morir o sobrevivir", según Lu. "Y eso es lo que los espectadores chinos no han entendido", añade. En Hong Kong, donde la película se ha estrenado casi un mes después, no se ha despertado la misma polémica "gracias a su mentalidad más abierta y una educación más libre, que les permite interpretar el filme más allá de los prejuicios políticos".

"En China, el Partido Comunista tiene el control de la historia, pero eso no significa que lo que sucedió en Nanjing no sea cierto", observa Lu. El director pasó tres años recolectando documentación histórica y entrevistando a expertos para conseguir que las escenas se ajustaran lo mejor posible a la realidad. La decisión más arriesgada fue introducir a actores japoneses en el rodaje, y el propio Lu viajó a Tokio con una maleta llena de fotografías y libros sobre la masacre para convencerles. Sin embargo, las fricciones entre actores chinos y japoneses durante el rodaje fue inevitable. "Era como si una línea invisible les separara", recuerda.

A pesar de no contener el marcado tono nacionalista característico en los filmes históricos chinos, Nanjing! Nanjing! (City of Life and Dead, en español Ciudad de vida y muerte) ha sido elegida entre las diez películas recomendadas por el Partido Comunista para conmemorar el 60 aniversario de la República Popular China.

"Yo siempre quise hacer una película independiente", se excusa Lu. El nacionalismo chino le parece "peligroso" y que estropea la imagen exterior del país. "¿Por qué en lugar de presumir de que somos una gran potencia económica no decimos que somos un pueblo sensible, amantes del arte?", se cuestiona Lu, melancólico, antes de dar el último sobro de té.

Su esperanza es pensar que si su película no fue censurada, es una señal de que el gobierno chino se está abriendo. Quizás en pocos años, directores jóvenes como él tendrán libertad para tratar temas históricos sensibles como la Revolución Cultural o la masacre de estudiantes en la plaza de Tiananmen, hace ahora 20 años. "Nuestro deber es seguir presionando", concluye Lu.

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