Público
Público

Rato pone fin a 13 años de Blesa en Caja Madrid

Su mano derecha será Norniella, nombrado vicepresidente

V. Z.

Fumata blanca. Se acabó el año y medio de tensión y bronca política que ha rodeado la sucesión de Miguel Blesa al frente de Caja Madrid. Rodrigo Rato se alzó ayer finalmente a la presidencia de la entidad e inauguró un mandato de seis años, en el que contará con los apoyos suficientes en el consejo de administración para intentar, en paz, sacar a la caja de uno de sus momentos más difíciles.

En las negociaciones de los últimos meses, el ex director gerente del FMI se ha esforzado por contar con un amplio apoyo en el consejo y ayer dio un paso más en esta dirección al conseguir que el máximo órgano de gobierno nombrara vicepresidente a José Manuel Fernández Norniella en lugar de Estanislao Rodríguez Ponga. Rato sitúa así a alguien de su máxima confianza como su mano derecha y aleja del poder al principal defensor de las tesis de Esperanza Aguirre en la caja en los momentos más calientes de la batalla.

Rodríguez Ponga fue el pepito grillo de Blesa en su último año de mandato, mientras que Fernández Norniella, que también era consejero, ha sido quien ha dirigido, en nombre de Rato, las conversaciones para que el nuevo presidente contara con un ambiente pacífico y amistoso a su llegada. Junto a Fernández Norniella, también estarán en la vicepresidencia José Antonio Moral Santín, de IU, y Virgilio Zapatero, por el PSOE.

La toma de posesión de Rato se produjo ayer en el consejo de administración que se celebró a continuación de la asamblea general de la caja, momento que Blesa aprovechó para despedirse. Y aunque no arremetió directamente ni con nombres contra todos aquellos que le han dificultado mucho su mandato en el último año, sí dejó una píldora para quien quisiera entenderla, en clara alusión a Aguirre.

Blesa, según asistentes a la reunión citados por Europa Press, aseguró que le hubiera gustado que el último año fuera diferente. En esta última etapa, "el camino no ha sido el más adecuado porque ha habido más ruido que el deseable", dijo, para añadir a continuación que "se podría haber tomado otro camino pero alguien no quiso que fuera así".

Al igual que hizo la semana pasada en su última rueda de prensa como presidente, Blesa no quiso ir más allá en sus reproches, aunque sí aprovechó la ocasión para dar cuenta de su buen hacer en la caja durante los últimos trece años.

Tras su nombramiento, Rato aseguró que Caja Madrid es una entidad "sólida, solvente y rentable que está llamada a reforzar su liderazgo en los próximos años y desempeñar un papel crucial en el sistema financiero español". Y añadió que la caja "está preparada para hacer frente a los retos derivados del complejo entorno económico, así como para aprovechar las oportunidades" que surjan. Su primera misión será una fusión.

Fusiones
Cinco meses para una gran unión
Ni un minuto de respiro para acostumbrarse al ambiente va a tener Rodrigo Rato cuando hoy se siente en su nuevo sillón. Sin perder un segundo ni emplear casi tiempo en conocer a los directivos que le ayudarán a dirigir la cuarta mayor entidad financiera de España, Rato tendrá que ponerse a planear y a negociar una gran fusión, quizá la mayor de todas las que se van a hacer este año para reestructurar el sector de cajas. El Banco de España siempre tuvo claro que Caja Madrid debía actuar de salvador en este proceso, pero no creyó conveniente que se hiciera antes de solucionar sus problemas de liderazgo. Ahora ya está el campo libre, pero se plantea el problema del tiempo. Llegan las prisas. La Comisión Europea sólo ha dado de plazo hasta final de junio para prestar ayudas públicas a la reestructuración y eso le obliga a hacer la operación en un máximo de cinco meses. Por tanto, tendría que iniciar las conversaciones en un máximo de un mes y medio, para cerrar el pacto en tres meses, a más tardar. En el tiempo restante tendría que recibir la autorización de las asambleas y de Bruselas.

Novios
CAM y Caixa Galicia
Su antecesor, Miguel Blesa, le ha dejado hechos los deberes y en el Banco de España también tienen claro cuál debería ser la fusión más acertada, pero ahora entran en litigio las interferencias políticas. La fusión más útil sería con la CAM y Caixa Galicia, pero para ello tendría que llegar a un acuerdo con Francisco Camps y con Alberto Núñez Feijóo, los presidentes de ambas autonomías. A favor de Rato juega el hecho de que sean del PP, pero en su contra está que ambos quieren que se unan las cajas de su comunidad y ninguno está por la labor de perder el poder que tienen en ellas. Lo más fácil sería hacer la unión con la valenciana, porque la situación política de Camps es más débil y la CAM preferiría a Caja Madrid antes que a Bancaja como compañera de viaje. La unión con Caixa Galicia será más difícil porque Feijóo ha arriesgado mucho en esta batalla y aceptar esa unión interregional sería tanto como reconocer una derrota.

Morosidad
La principal lacra a solventar
La situación de Caja Madrid es lo suficientemente sólida como para hacer el papel de salvador de otras cajas con mayores problemas, pero su nivel de morosidad es preocupante y Rato tendrá que prestarle una atención especial. Los créditos concedidos a promotores inmobiliarios y a los inmigrantes le ha llevado a una difícil situación, con una tasa de mora del 5,4%, por encima de la media española (5%)

Beneficios
Volver a los 1.000 millones
La caja lleva años instalada en un nivel de beneficios superior a los 1.000 millones de euros, pero Rato tendrá que empezar de mucho más abajo. Con los elevados saneamientos antimorosidad que ha tenido que realizar, en el último ejercicio apenas ganó 266 millones. Ahí tendrá otro gran reto para situar de nuevo a la caja en el lugar que por tamaño le corresponde. 

Más noticias de Política y Sociedad