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La realizadora Taberna reaviva el debate sobre la participación de la Iglesia en la Guerra Civil

EFE

La realizadora Helena Taberna ha reavivado el debate sobre la participación de la Iglesia en la última Guerra Civil (1936-1939), en uno de los dos bandos, con su largometraje "La buena nueva", muy bien recibido hoy tras su estreno en el Festival de Valladolid, donde compite por la Espiga de Oro.

Taberna contrapone la pureza del evangelio (buena nueva en griego) frente a una Iglesia excesivamente jerarquizada, intimidatoria e inquisitorial, a través de una película acotada en un espacio concreto, un pueblo de Navarra, y un tiempo determinado, el sangriento trienio fratricida que asoló España entre 1936 y 1939.

Se sirve para ello de un joven cura destinado a una aldea de Navarra en los días previos al 18 de julio de 1936, fecha del levantamiento militar del general Francisco Franco contra el legítimo Gobierno de la II República, donde en vano tratará de detener todos los desmanes de la guerra.

Mientras el sacerdote, encarnado por Unax Ugalde, mira por todos sus feligreses al margen de su condición social o filiación política, la curia se alinea con el bando sublevado a pesar de los fusilamientos indiscriminados y la marginación de quien no comparte sus presupuestos.

Más de cuatro años ha empleado Helena Taberna en dar forma y estrenar "La buena nueva", donde destaca la presencia de una joven maestra, representada por la actriz Bárbara Goenaga, que rechazará todos los ideales religiosos y políticos en los que se educó al comprobar cómo son los mismos que han destrozado su vida.

La tercera película de Helena Taberna, después de "Yoyes" (1999) y "Extranjeras" (2002), tiene su origen en una experiencia familiar y contiene a su juicio un "elemento supletorio de interés social y a la vez de reflexión para comprender la historia de nuestros pueblos".

El guión de la cinta, firmado por la directora junto a Andrés Martorell, parte del libro titulado "No me avergoncé del Evangelio", editado en Buenos Aires en 1958 y escrito por Marino Ayerra, tío de Helena Taberna, que fue párroco de Alsasua (Navarra) entre 1936 y 1939 y que tuvo que exiliarse después de colgar la sotana.

En la figura de Marino Ayerra y en su libro ha inspirado la realizadora navarra este nuevo montaje donde acusa a la Iglesia como cómplice de asesinatos y de practicar una religión más próxima a la idolatría y a la superstición que a la preocupación por los más necesitados.

"Me marcó el libro de mi tío, cuando ni tan siquiera había pensado en dedicarme al cine, construyó mi personalidad y he sentido la necesidad de contarlo", ha manifestado Helena Taberna a los medios informativos al término de la proyección y después de declararse "militante del buen cine hecho en casa".

San Sebastián, Pamplona, Alsasua (Navarra), Azpeitia y Hernani (Guipúzcoa) son algunos de los lugares donde se ha rodado "La buena nueva", acerca de la cual Unax Ugalde ha elogiado "la verdad de un guión" que en su opinión "es necesario en nuestros días".

Ugalde ha defendido el cine como un espacio "para el debate social", ha calificado el filme de "oportuno", y considerado que ochenta años después "es una buena ocasión para revisar el papel de la Iglesia" durante la Guerra Civil, ya que "los crímenes contra la humanidad no prescriben nunca".

En la misma línea, el hispanista de origen británico Ian Gibson, amigo de la directora, ha expresado su convencimiento de que largometrajes como "La buena nueva" van a facilitar "una gran contribución a la búsqueda de la reconciliación".

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