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Reconstruido el cerebro de un primate de 54 millones de años

La investigación puede servir para explicar el origen y la evolución de la mente humana

DANIEL MEDIAVILLA

Hace 55 millones de años, 10 millones después de la desaparición de los dinosaurios, los cerebros de los primates comenzaron a crecer. Esta transformación evolutiva, que acabaría mucho después con la aparición de la mente humana, ha provocado intensos debates científicos poco sustentados por evidencias fósiles. Empleando un sistema de escáner por tomografía computerizada, investigadores de las universidades de Florida (EEUU) y Winnipeg (Canadá) han desarrollado ahora la primera imagen detallada del cerebro de un primate arcaico. Según publican esta semana los científicos en PNAS, se deberán cambiar algunas ideas sobre aquellos ancestros de la humanidad.

En primer lugar, la reconstrucción del diminuto cerebro, que fue posible gracias al hallazgo del cráneo intacto de un primate de 54 millones de años y casi cuatro centímetros de largo, muestra que aquellos animales dependían más del olfato que de la vista. Algunas hipótesis sobre la evolución de los primates relacionan un agudo sentido del olfato con el hábito de cazar insectos durante la noche. En un estadio evolutivo posterior, pasarían a comer fruta y a confiar más en el sentido de la vista para su supervivencia. Así, el paso del olfato a la vista como sentido central se había relacionado con un mayor desarrollo cerebral.

"La mayoría de las explicaciones sobre la evolución de los cerebros de los primates se basa en información obtenida de primates actuales", explica Mary Silcox, autora principal del estudio. "Se han realizado muchas deducciones sobre el aspecto que tendrían los cerebros de los primeros primates y resulta que la mayoría están equivocadas", apostilla.

Ignacius graybullianus, el animal estudiado, se alimentaba de un modo parecido a los primates modernos y también vivía en los árboles, aunque no saltaba de copa en copa como hacen sus parientes actuales. Según los autores del estudio, el comportamiento de Ignacius era muy similar al de los primates modernos, pero su cerebro sólo alcanzaba entre la mitad y dos tercios del tamaño del menor de estos. "Esto significa que factores como vivir en los árboles o comer fruta pueden eliminarse como causas potenciales de la aparición de grandes cerebros en los primates, porque, pese a su menor cerebro, Ignacius ya hacía esas cosas", apunta Silcox. El estudio que hoy se publica en PNAS no determina cuál fue el detonante evolutivo que provocó la aparición de los grandes cerebros en los primates, pero reduce las hipótesis que pueden explicar esta transformación fundamental.

Según los científicos, sus descubrimientos también sugieren que se debe plantear el abandono de algunos modelos de primates modernos para comprender qué sucedió hace millones de años en el árbol evolutivo humano. "Muchos modelos del cerebro de los primates ancestrales están basados en musarañas del sureste asiático que tienen una relación lejana con los humanos", señala Silcox. "Sin embargo, con unos 70 millones de años de evolución entre ellas y nosotros, parece que las musarañas no son un buen modelo", concluye.

 

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