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La resurrección del pinzón azul canario

La población del ave se recupera tras un incendio que casi acaba con la especie

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El pinzón azul de Gran Canaria, una de las aves más amenazadas del planeta, ha logrado renacer de las cenizas de un incendio que a punto estuvo de acabar con él. Sólo la mitad de su exigua población, apenas 150 ejemplares, ha logrado superar la dura prueba. A pesar de ello, los expertos son optimistas respecto a su futuro.

La culpa la tuvo un trabajador forestal a quien se le acababa el contrato. En julio del año pasado provocó un pavoroso incendio forestal que arrasó 6.000 hectáreas de superficie arbolada y otras 12.000 de matorral, en el suroeste de Gran Canaria. Ese mismo día, los naturalistas Domingo Trujillo y Joaquim

Hellmich salvaron de milagro ordenadores y notas de campo del refugio de montaña donde atesoraban toda la información de su trabajo sobre tan especialísimo pájaro. Llevaban meses estudiándolo en el corazón de la Reserva Integral de Inagua, el último reducto de la especie. Y tras comprobar desolados cómo el fuego destruía los últimos pinares maduros de la isla, en cuyo estudio tanto trabajo había invertido, asumieron lo peor. 'Fue un desastre, pensábamos que el pinzón se extinguía pues sus mejores lugares quedaron totalmente calcinados', reconoce Trujillo.

Un año después, los especialistas están moderadamente felices. El pinzón azul de Gran Canaria no se extinguirá, al menos de momento. Así lo confirma Pascual Calabuig, biólogo, veterinario y director del plan de recuperación de la especie. 'Son unos pájaros asombrosos y han sabido buscarse la vida muy bien, manteniéndose algunos en lugares quemados y conquistando otros zonas'.

Además, se ha hecho otro descubrimiento asombroso. El pájaro ha logrado salir del gueto de Inagua, colonizando los primeros pinares de repoblación de la cumbre grancanaria. 'Esa es la mejor noticia que podemos dar, pues ahora el pinzón es menos vulnerable y nos permite abrigar la esperanza de una más que posible recuperación', confiesa ilusionado Calabuig.

Cristina González, responsable en Canarias de SEO/Bird Life, señala precisamente la importancia de estos nuevos hábitats en el futuro de la especie, 'fundamentales para aumentar su zona de distribución potencial, y que deberán de conectarse entre sí a través de pasillos forestales con los que favorecer su expansión'.

El Cabildo de Gran Canaria lleva décadas trabajando en esa dirección, ampliando los todavía hoy reducidos bosques de pino canario en la isla, un árbol endémico sobre el que se sustenta la exquisita población de pinzones azules. Siguen así el ejemplo de la vecina Tenerife, donde los pinares abrazan como una circular corona verde las cumbres del Teide, permitiendo la existencia de cerca de 20.000 pinzones de la subespecie tinerfeña, parecida a la grancanaria pero no igual, algo más pequeña y genéticamente diferente.

Sin embargo el crecimiento de estos bosques es lento y las necesidades de pinares maduros demasiado urgentes para un ave tremendamente selectiva, que no puede vivir en otro lugar ni alimentarse de otra cosa que no sean piñones. Por eso también existe un proyecto de cría en cautividad, con el que Pascual Calabuig confía en poder reforzar algún día las poblaciones más amenazadas. O recuperar las recientemente extinguidas, como la que hasta hace apenas diez años sobrevivía en la Caldera de Bandama. 'Si nosotros les ponemos el hábitat adecuado, lo demás lo harán ellos', asegura, convencido.

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