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"El rey eligió a Suárez porque era anodino y luego le costó echarle"

Gregorio Morán. Escritor y periodista. Repasa las luces y sombras de la vida de Adolfo Suárez en su segundo libro sobre esta figura clave de la Transición

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Adolfo Suárez, ambición y destino (Debate) es el segundo libro sobre el ex presidente del Gobierno del escritor y periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947), tras el polémico Historia de una ambición, publicado en 1979. En 600 páginas, recuerda los momentos dorados de Suárez, sus episodios más duros y su conversión en mito.

Es su segundo libro sobre Suárez, ¿ha cambiado su percepción del personaje?

Mucho. Cuando yo hago el primer libro, es presidente del Gobierno indiscutido. Termino el libro en el verano del 79 y él acaba de ganar las elecciones de marzo de 1979. No llega a la mayoría absoluta, pero casi. Luego viene la crisis de su partido, UCD, su dimisión, el 23-F, Calvo-Sotelo, diez años en el Centro Democrático y Social (CDS)... La gente olvida que Suárez fue presidente del Gobierno ni siquiera cuatro años y, sin embargo, pasa diez en el CDS enteritos. La gente se salta esos años de su liquidación política, que son fundamentales.

En su libro incluye la última foto de Suárez con el rey. ¿Supone el fin del proceso de canonización del ex presidente del que habla?

Por supuesto. Propongo que los fotógrafos hagan una queja porque me parece una ofensa profesional que se dé el premio Ortega y Gasset a una foto manipulada, de photoshop. No tiene más valor que el haber sido montada. Lo de que la foto la hace su hijo es un chiste. Esa foto cierra un ciclo. ¿A qué fue el rey a ver a Adolfo Suárez? Porque Suárez no reconoce a nadie. ¿A hacerse la foto? ¿Estaba el hijo puesto allí para hacerle la foto? No. Es un ejemplo más del manejo de ese ciclo, de ese icono que cierra el ciclo de la personalidad de Suárez. Ahí está esa foto de un rey que le pasa la mano por encima a un personaje que se sabe que es Suárez, que lleva la camisa recogida, que está encogido. Es terrible. Y es a mayor gracia del rey. No añade nada a la figura de Suárez.

¿En qué cambió el 23-F a Suárez?

La pregunta sería en qué cambiamos nosotros nuestra visión de Suárez a raíz del 23-F. Hasta ese día era un improvisador, un trepador, un tipo, dicho brutalmente, sin principios. Capaz de todo. Pero había un rasgo que no había demostrado nunca, el del valor físico, la fortaleza, que en política es muy importante. A diferencia de la foto con el rey, nadie sabía que estaban fotografiando a Suárez. Si la clase política llega a saber que hay un fotógrafo arriba, hay cola para sacar pecho. El valor que demuestra esta fecha afectó sobre todo a sus enemigos, que le acusaban de traidor. A partir de ese momento, ya es otro tipo que ha salido en unas circunstancias muy peculiares y le ha echado valor. Es significativo que el hombre que más coherencia demuestra el 23-F es el único que sale escaldado. Por eso crea el CDS. Porque piensa que con la impresión que causó en la población iba a ganar elecciones.

¿Qué tiene para haber despertado odio y admiración por igual?

La época que le tocó vivir. Es el hombre clave en la liquidación del viejo régimen y, al mismo tiempo, es un hombre capaz de borrar ese pasado y ser un tipo situado mucho más a la izquierda que sus colaboradores de UCD. Él asume los riesgos con un valor y una audacia indiscutibles. Y para ellos era odioso. Hubo dos periodos de odio a Suárez: hasta el 23-F y después. Primero, era el odio al traidor. Después, llegó el miedo al duque [el rey le concedió este título en 1981]. Ahí se fabrica un odio, para luego convertirse en el santo Job de los últimos años. Tan poco sentido tiene lo primero como lo último.

¿Se parece Suárez en algo a algún político actual?

No. Siempre hay que explicar que al rey le costó mucho echarle y no tenía ningún derecho a echarle porque constitucionalmente no podía. Es un pensamiento muy de Suárez: ¿con lo que a mí me ha costado llegar hasta aquí, los Landelino Lavilla, los Herrero de Miñón, estos pijos de Madrid me van a echar? También había hacia Suárez un odio de clase. No lo despreciaban por ser un antiguo falangista, lo despreciaban por cómo era posible que él fuera presidente y ellos no. El rey lo eligió porque es un tipo suficientemente anodino y susceptible de manejo, que no era un peligro. Pero le costó mucho echarle.

¿Hay algo de Suárez que se eche en falta en la clase política actual?

Hay un montón de elementos negativos de Suárez que están presentes en la clase política. El carácter de la improvisación, por ejemplo. Cuando descubre la existencia del estrecho de Ormuz es más o menos como cuando Zapatero descubre la Alianza de las Civilizaciones. No veo rasgos específicos de la personalidad de Suárez en la clase política, por lo pronto en la derecha, ninguno. El fenómeno de cómo asciende no tiene precedentes. La forma de subir en el franquismo era que alguien te arropara.

Dice que Suárez supo escoger a sus compañías para ascender...

Esa es la paradoja. Igual que supo escoger muy bien quién le podía ascender, nunca supo escoger a sus colaboradores. No sabe compartir. Se podrá decir de Aznar, de Zapatero, de Felipe, que tienen megalomanía, que en su comportamiento político ellos son el número uno y luego colaboran poco o comparten poco el poder... pues comparten muchísimo más de lo que Suárez compartió nunca.

¿Por qué la gente tiende a olvidar los años del CDS, lo que usted en el libro llama la 'travesía del desierto' de Suárez?

Porque cuando uno está en una peana, lo demás se olvida. Fueron diez años alucinantes, donde Suárez hizo de todo: pactó con el PP, con el PSOE... la historia del CDS terminó en un Congreso en Torremolinos en el que deciden que por qué pactar con el PP o con el PSOE, que a partir de entonces pactaban con los dos. La gente salió corriendo.

¿Ha hablado con alguien de la familia de Suárez para este libro?

Hablé con Suárez anteriormente. ¿Quién queda en la familia? El hijo, de política, no tiene ni idea. Decir que su padre fue el que trajo la democracia... Su padre fue fundamental, pero decirque la trajo me parece un exceso.

¿Qué peso tuvo el Opus Deien la trayectoria de Suárez?

Hubo un momento en el que sin ser de Falange no se podía hacer nada en política. Pero hubo otro en el que sin ser del Opus tampoco se podía hacer nada. Si se hiciera una lista de la cantidad de gente de la izquierda que fue a cursillos de cristiandad con el Opus sería desternillante.

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