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Roth dice que "la vida es no dejar de sentir nunca que falta todo por hacer"

EFE

Superada la barrera de los 50 como una estrella a ambos lados del Atlántico, Cecilia Roth se siente "ante un abanico más amplio de opciones laborales"; mientras sigue su filosofía vital: "que el tiempo diga... lo que vendrá, porque la vida es no dejar de sentir nunca que falta todo por hacer".

Con dos vidas profesionales a sus espaldas. Primero en el Madrid de la "movida", como musa de Almodóvar; y una segunda en Buenos Aires, que coincidió con el estallido de la nueva ola de cine argentino, Cecilia Roth cuenta, entre sus galardones, dos Goya y un Premio a la Mejor Actriz Europea.

Doblemente afortunada, la actriz habla por teléfono con EFE desde Buenos Aires de media mañana y sintiendo, explica "como el calor poco a poco va llegando" a su país.

En su último filme "El nido vacío", suma a su nombre otros dos de la talla del director, el joven ya consagrado Daniel Burman, y Óscar Martínez, su compañero de reparto, quien logró con este rol la Concha de Plata en el último festival de San Sebastián, -y el filme, además, ganó el de Fotografía-.

En "El nido vacío", Burman vuelve a adentrarse en el universo familiar y a escarbar en los traumas y las crisis; en este caso, la crisis que vive un matrimonio cuando los hijos abandonan el hogar.

Confiesa que quería trabajar con Burman y volver a hacerlo con Óscar, con quien ya coincidió en teatro y televisión.

Y tras un tiempo alejada del cine para cuidar de su hijo Martín, de nueve años, ahora, que, como dice, ya le ha "dado el empujoncito" se siente profesionalmente ante "un abanico más grande de posibilidades", con varios proyectos ya cerrados, entre España y Argentina, que llenarán 2009.

Burman a sus 35 años es toda una institución en el cine argentino. Curtido con premios en Berlín y otros festivales, mantiene su muy particular modo de hacer cine, cámara en mano siguiendo al actor con primerísimos planos, siempre en movimiento, y con unos diálogos que, al estilo Woody Allen -a quien admira profundamente- parecen improvisados, cuando son fruto de un exhaustivo trabajo de guión.

"Que la cámara te siga y esté pendiente de ti, y tú no tengas que preocuparte por ella da al actor más libertad; y hasta la sensación de que eres tú quien manejas las cosas", cuenta Cecilia, quien admira la forma "aparentemente ligera" que tiene Burman de "captar lo más profundo de los personajes".

"Burman no manipula al público, -añade la actriz-. Es el espectador quien tiene la libertad de quedarse con la visión más leve o pasar a otros niveles. Me gusta además su mirada, esa ingenua ironía, y la piedad que siente por sus personajes, a los que trata con una ternura enorme", explica Roth,

A España, su segunda patria, llegó huyendo de la dictadura Argentina, y volvió allí cuando se fueron los militares, para encontrarse, de pronto, con un cine en plena eclosión, una nueva ola que volvió a elegir a Cecilia como su musa.

Burman mantiene un lenguaje cinematográfico similar a Woody Allen. Se lo repiten a diario. Y, de todos los rasgos comunes con el neoyorquino, Cecilia destaca "ese humor judío que está instalado en la sociedad hebrea. Es un humor muy peculiar y muy difícil de contar en una película".

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