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Saint-Exupéry que estás en los cielos

Un viaje por el desierto. Un año antes de que saltase a la fama, el padre de El Principito se encontró con el fotógrafo Alfonso en Cabo Juby (Marruecos)

LUIS DÍEZ

Alfonso Sánchez, uno de los grandes reporteros del siglo XX, tenía 25 años cuando retrató a Antoine de Saint-Exupéry en Cabo Juby (Marruecos). El autor de El Principito todavía no era conocido. Trabajaba de piloto comercial en la compañía francesa Aeropostale, que cubría la ruta entre Toulousse y Rabat. Y Alfonso (Alfonsito entre los conocidos, que no le querían confundir con su padre, el gran reportero gráfico de la primera mitad del siglo XX) y el director y propietario del periódico La Libertad, Luis de Oteyza, realizaron una insólita aventura de volar desde Toulosse a Senegal.

Era el año 1927 y en aquellos tiempos sólo existían vuelos para transportar correo. Pero Alfonso y Oteyza lograron que la compañía francesa les admitiera en un biplano Breguet para viajar hasta Dakar. Su aventura comenzó el 19 de diciembre. En la primera etapa a bordo del frágil Breguet 301, que pilotaba Luc Richard volaron desde Toulousse hasta Alicante.

Alfonso realizó unas espectaculares fotografías aéreas de Perpignan, Barcelona y Alicante con su cámara Goerz. La segunda etapa, entre Alicante y Orán, le permitió fotografiar Valencia, Cartagena y otras ciudades mediterráneas desde el aire. La ruta prosiguió desde Oran a Casablanca, sobrevolando Fez y Rabat.

El día de Noche Buena volaron desde Casablanca, pasando sobre Agadir, hasta Cabo Juby. Fue allí donde Alfonso se encontró con Exupery que el año siguiente se convertiría en director de aquel campo de aviación y escribiría Correo del Sur e inmortalizó el encuentro con el escritor en dos placas históricas.

Se trata de dos fotografías que los conocedores del archivo de Alfonso consideran inéditas. Téngase en cuenta que Exupery, que ya había escrito El Aviador, no alcanzó fama como escritor hasta que en 1929 el notable Andrè Gide apreció sus cualidades y le lanzó prologando su VueloNocturno.

Las tormentas del desierto y las revueltas en Ifni obligaron a los periodistas españoles a contratar un segundo avión con la misión de rescatarles en caso de accidente. "Mi peor recuerdo fue la tempestad en el desierto, donde el avión parecía una hoja de árbol mecida por el viento", afirmaba Alfonso, que tenía dos años menos que Exupery y agradeció vivamente la ayuda de aquel "caballero del aire".

Desde Cabo Juby sobrevolaron el día de Navidad la antigua Villa Cisneros (hoy Dagla), Port Etienne, San Luis, Gorea, Dakar y al anochecer llegaron a Rufisque. "Al llegar a Tierra de Negros tuvimos la novedad de ver a los nativos desnudos, algo impresionante para nosotros", recordaba Alfonso, que realizó un magnífico reportaje erótico.

"Fue allí añadía el reportero donde quisieron venderme a la Venus de Ébano, a quien estuve a punto de comprar como ayudante por sólo 50 francos. Oteyza me hizo desistir argumentando que le afectarían los fríos del Guadarrama". El resultado de la feliz aventura fueron dos libros de Oteyza: A Senegal en avión y En tierra de negros, ilustrados por Alfonso. Y las dos fotos inéditas del gran escritor francés, halladas en el archivo de Alfonso, hoy custodiado en el Archivo General de la Adminsitración (Ministerio de Cultura).

Con el tiempo, Alfonsito sería considerado uno de los grandes fotógrafos del siglo XX en España. Su cámara llegó a retratar el instante en el que el toro Pocapena corneó a Granero, que murió en el acto, en la plaza de toros entonces situada en la madrileña calle de Goya.

Los grandes personajes de la política, las artes y las letras, desde Azaña a Valle Inclán, desde Antonio Machado a Pablo Iglesias, desde Jacinto Benavente a La Chelito, posaron ante su objetivo. Sus imágenes del asalto al Cuartel de la Montaña y las escenas de la Guerra Civil en Madrid constituyen documentos valiosísimos de aquel otro desastre, en gran parte provocado por los autores del anterior.

Alfonso Sánchez Portela, Alfonsito, era hijo del gran fotógrafo Alfonso Sánchez García. Nacido en Madrid en 1902, aprendió de su padre el arte de la fotografía y comenzó a trabajar como reportero gráfico para la prensa madrileña en los años veinte. Sus reportajes sobre la Guerra del Rif y las imágenes de los soldados españoles muertos en Annual causaron un gran impacto en la población española y contribuyeron de manera decisiva a que se abriera una investigación sobre las responsabilidades militares ante el desastre. Ante la posibilidad de que las conclusiones del informe Picaso afectaran personalmente al reyAlfonso XIII, el monarca disolvió el Parlamento e instaruró la dictadura con Primo de Rivera al frente.

Como corresponsal de la guerra de Marruecos trabajó para la empresa Prensa Gráfica, que editaba las tres revistas de mayor tirada en los años veinte: Mundo Gráfico, La Esfera y Nuevo Mundo. Alfonsito hacía llegar las placas impresionadas desde el puerto de Melilla a Málaga, donde un ferroviario las recogía y las llevaba a Madrid.

Si sus extraordinarios reportajes sobre el desastre del Monte Arruit y la pérdida de la plaza y la fortaleza de Annual revelaron la incompetencia de los militares españoles, la entrevista con el caudillo rifeño Abdelkrim, realizada en agosto de 1922 junto con el director de La Libertad, Luis de Oteyza, puso de relieve que dos periodistas eran capaces de llegar a donde los responsables militares no podían. Es más, Alfonsito y Oteyza negociaron con el líder rifeño la liberación de los prisioneros españoles.

En 1921 realizó su primer reportaje aéreo sobre Madrid con el teniente Ignacio Hidalgo de Cisneros, que luego sería jefe de la Aviación Republicana durante la guerra. Años después comentó que pasó más miedo en ese bautismo aéreo que en las líneas de vanguardia del Ejército español en el Rif.

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