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Saviano, atrapado entre la belleza y el infierno

El autor de 'Gomorra' interpretó un monólogo basado en sus propios textos

PAUL VIEJO

Muy pocos de los que esta semana han ocupado las butacas del Piccolo Teatro de Milán para asistir a las tres únicas representaciones de La belleza y el infierno esperaban ver a un Roberto Saviano diferente al que conocían.

Que el escritor italiano que más titulares ha acaparado en los últimos años fuese a convertirse de la noche a la mañana en un actor e interpretase un papel diferente era algo fuera de lugar.

Y, en efecto, en lo que Saviano se ha transformado desde el martes del estreno es en una excelente muestra de "narrador oral", alguien capaz de transmitir historias, ideas y mensaje no sólo ha través de sus textos, sino cara a cara.

Con su rostro, precisamente, surgiendo de la oscuridad del escenario y vestido de negro riguroso, junto a un atril y una silla, arranca un acto, de más de hora y media de duración, que tenía al público expectante y en silencio.

A su espalda, una pantalla mostró las imágenes necesarias para servir de apoyo a la palabra de Saviano, que en esta ocasión mostró una voz y una manera de expresarse -casi declamatoria en ocasiones- mucho más potente e intensa que en el resto de sus intervenciones públicas. De eso se trataba, de hacer llegar de manera directa aquello que había venido a contar y a través del monólogo Saviano supo tejer bien las diferentes historias.

Sabiendo la intensidad que se podía llegar a alcanzar la sala (no en vano comienza recordando la muerte de las dos jóvenes iraníes asesinadas hace unos meses) el escritor no duda en ir intercalando la "belleza" y el "infierno", ejemplificando la primera con las anécdotas del pianista Michel Petrucciani o el ejemplo de su ídolo Maradona. Conmociona mucho más cuando es el turno de hablar de muertes como la de la cantante Miram Makeba o la periodista Anna Politkovskaia, o de aquellas "provocadas" por Alfred Nobel como inventor de la dinamita o por Mijaíl Kalashnikov, creador del arma más utilizada en el mundo.

Si la tensión creció aún mucho más cuando mostró uno de esos fusiles y explicó su funcionamiento, Saviano y Serena Sinigaglia (directora del acto) supieron darle también al público momentos de respiro e incluso alguna sonrisa, como las que llegaron con las referencias al barcelonista Messi, ejemplo propuesto de belleza atrapada en un infierno físico. Una mezcla de reflexión y espectáculo que terminó convertido en una suerte de teatro político y con un público puesto en pie para ovacionar al que muchos ven, sin duda, como un héroe.

Publicado en Italia por Mondadori el junio pasado, La belleza e l'infierno, libro del que parte el espectáculo, recoge textos diversos de Roberto Saviano escritos entre 2004 y 2009. Se trata de reportajes, retratos y artículos escritos en diferentes medios con los que el napolitano, llenándolo de anécdotas e impresiones personales, recorre las miserias sociales que más le preocupan. En pocas semanas se convirtió en un auténtico best-seller.

Como las tres únicas funciones que han tenido lugar esta semana ha resultado escasas, como era de esperar, Saviano volverá a subirse a los escenarios milaneses. En esta ocasión será en el Teatro Grassi desde el martes 16 hasta el domingo 21 de febrero del año próximo.

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